En Su mente y Su corazón
“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”.
Jeremías 31:33
Hay algo que Dios desea hacer en nosotros que va mucho más allá de cambiar algunas conductas: Él quiere transformar nuestro interior.
Muchas veces pensamos que nuestra vida espiritual consiste en esforzarnos más, controlar nuestras palabras, evitar ciertos errores y hacer lo correcto. Y aunque nuestras acciones son importantes, Dios nos muestra en este pasaje que la transformación verdadera comienza en un lugar mucho más profundo: la mente y el corazón.
Dios dice: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón”. No habla simplemente de dar reglas para que las cumplamos. Habla de una obra interna. Dios quiere que Su verdad deje de ser solamente algo que escuchamos y se convierta en algo que gobierne nuestra vida desde adentro.
Podemos cambiar nuestro comportamiento temporalmente por miedo, presión o para agradar a otras personas. Pero solamente Dios puede transformar las motivaciones de nuestro corazón. Él puede tomar un corazón que lucha con el orgullo y enseñarle humildad; un corazón herido y enseñarle a perdonar; un corazón temeroso y enseñarle a confiar; un corazón acostumbrado a hacer su propia voluntad y enseñarle a rendirse delante de Él.
A veces le pedimos a Dios: “Señor, cambia esta situación”, cuando quizás Dios también quiere usar esa situación para trabajar en nosotros. Tal vez está desarrollando nuestra paciencia, nuestra fe, nuestra dependencia de Él, nuestra manera de pensar o nuestra confianza en Su voluntad.
La transformación interior puede ser un proceso. Dios va mostrándonos áreas de nuestro corazón que necesitan ser entregadas a Él. Cuando Su Palabra nos muestra actitudes, pensamientos o heridas que necesitan cambiar, no debemos huir de Él, sino acercarnos y permitirle obrar.
Cuando Su Palabra está escrita en nuestro corazón, comenzamos a pensar de manera diferente. Ya no reaccionamos solamente según nuestras emociones. Aprendemos a detenernos y preguntarnos: “¿Qué dice Dios acerca de esto?” Ya no buscamos únicamente hacer lo que queremos, sino aquello que le agrada a Él.
Y esta transformación no nace simplemente de nuestra fuerza de voluntad. Observemos las palabras de Dios: “Daré… escribiré… yo seré…”. Es Dios quien toma la iniciativa. Él es quien obra en nosotros.
Este pacto encuentra su cumplimiento en Jesucristo, quien estableció el nuevo pacto por medio de Su sangre. Nuestra transformación no es un esfuerzo para ganar la salvación; es la obra de Dios en quienes han confiado en Cristo. Por eso podemos acercarnos a Él con confianza y permitir que Su Palabra transforme nuestra vida.
Entréguele su interior, no solamente sus acciones. Entréguele sus pensamientos, deseos, emociones, planes y motivaciones. Pídale que escriba Su Palabra profundamente en su corazón.
Y cuando Dios transforma el interior, esa transformación comienza a verse en el exterior: en nuestras palabras, decisiones, manera de amar, forma de enfrentar las dificultades y manera de relacionarnos con los demás.
Leer: Jeremías 30-31, Salmos 96-100 y Proverbios 20
¿Qué hechos sobre la naturaleza son mencionados en Jeremías 31?
