Confiando en el Dios verdadero
“Oh Jehová de los ejércitos, que pruebas a los justos, que ves los pensamientos y el corazón, vea yo tu venganza de ellos; porque a ti he encomendado mi causa”.
Jeremías 20:12
Jeremías había anunciado fielmente la palabra de Dios. Por hacerlo, el sacerdote Pasur lo azotó y lo puso en el cepo, expuesto a la humillación pública. El profeta no solo sufrió dolor físico; experimentó el rechazo, las burlas y la traición de quienes debían haber escuchado. En medio de ese peso, Jeremías no intentó vengarse por su propia mano ni exigir justicia inmediata de quienes lo ofendían. En cambio, elevó su causa al Señor de los ejércitos, el que prueba a los justos y examina los pensamientos y el corazón. Él sabía que solo Dios podía ver con claridad y actuar con perfecta justicia.
Hay historias reales que reflejan esta misma espera. Glynn Simmons fue condenado en 1975 por un asesinato que no cometió. Tenía veintidós años. Pasó más de cuarenta y ocho años en prisión, el período más largo conocido de encarcelamiento injusto en los Estados Unidos según el Registro Nacional de Exoneraciones. Durante décadas permaneció a merced de un sistema judicial que no reconoció la verdad a tiempo. Pruebas ocultadas y errores procesales lo mantuvieron detrás de los barrotes mientras la vida seguía adelante afuera. Finalmente, en 2023, un juez lo declaró inocente. La verdad salió a la luz, su nombre fue limpiado y la justicia, aunque tardía, llegó. Él no pudo forzar el resultado; solo pudo perseverar mientras el tiempo y las circunstancias se desarrollaban bajo la soberanía de Dios.
Cuando las circunstancias se acumulan en su contra, la tentación es tomar el control, exigir que cada persona alrededor le dé la razón o intente arreglar el daño con su propia fuerza. Jeremías nos muestra un camino diferente. Él decidió permanecer sensible a lo que Dios tenía para él y confiarle los detalles. No demandó justicia de cada ofensor; enfocó su corazón en la fidelidad al Señor y dejó que Él se encargara de quienes lo perseguían. Dios ve lo que usted no puede ver. Él prueba el corazón y conoce cada intención. Su causa está segura en Sus manos.
Permanezca fiel. Continúe escuchando Su voz. No gaste su energía intentando forzar resultados que solo Él puede producir. Encomiende su causa al Señor de los ejércitos y confíe en que Él obrará según Su perfecta sabiduría y en Su tiempo.
Leer: Jeremías 18-22; Salmos 81-85; Proverbios 17
¿Por qué el profeta tenía que quebrar la vasija?
