¿De dónde viene el agua?
“¿No eres tú, Jehová, nuestro Dios?”
Jeremías 14:22
Durante años, una familia de agricultores en Australia enfrentó una sequía que parecía no terminar. Los campos se fueron secando, el ganado comenzó a disminuir y la familia tuvo que vender gran parte de sus animales. El dinero escaseaba y hasta cosas sencillas se volvieron difíciles. El padre, Malcolm Adlington, comenzó a ver cómo su finca se convertía lentamente en tierra seca y estéril.
Pero la sequía no solamente estaba afectando la tierra. También estaba afectando el hogar. La presión económica y la incertidumbre comenzaron a producir discusiones entre Malcolm y su esposa, Marianne. Él reconocía que la sequía había cambiado su manera de pensar y de relacionarse con su familia. En un momento de desesperación, llegó a preguntarse qué sentido tenía continuar.
Así funciona una sequía. Al principio solamente parece que falta lluvia. Después comienza a faltar agua. Luego alimento, dinero, seguridad y esperanza. Poco a poco, la sequía comienza a afectar cada parte de la vida.
Jeremías 14 nos presenta una situación semejante. Judá estaba atravesando una sequía terrible. “Judá se puso de luto, y sus puertas se despoblaron; se sentaron en tierra, y hubo clamor de Jerusalén”. Los nobles enviaron a sus criados por agua, pero regresaron con los cántaros vacíos. La tierra estaba seca, los animales sufrían y el pueblo estaba desesperado.
En este capítulo, Dios deja claro que aquella sequía estaba relacionada con la desobediencia de Su pueblo. Judá había pecado y se había apartado de Él. Debemos tener cuidado de no aplicar automáticamente esa explicación a cada sequía o dificultad que vemos hoy. La Biblia muestra que Dios puede usar circunstancias difíciles de muchas maneras. Pero en Jeremías 14, Dios estaba usando la falta de agua para mostrarle a Su pueblo su necesidad de Él.
Y aquí encontramos una verdad que va mucho más allá de una sequía física: necesitamos reconocer de dónde viene el agua. Al final del capítulo, Jeremías hace una pregunta poderosa: “¿Hay entre los vanos de las gentes quien haga llover? ¿Y darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, Jehová, nuestro Dios?” El pueblo había buscado seguridad en muchas cosas, pero solamente Jehová podía darles aquello que realmente necesitaban.
Nosotros hacemos lo mismo. Buscamos seguridad en el dinero, en nuestro trabajo, en las personas, en nuestros planes, en nuestra salud o en nuestra capacidad de controlar las circunstancias. Pero tarde o temprano descubrimos que todas esas fuentes pueden secarse.
Jehová es la fuente. Cuando se seca aquello en lo que usted confiaba, no significa que Dios se haya secado. Cuando sus recursos disminuyen, Su poder no disminuye. Cuando usted no sabe de dónde vendrá la próxima provisión, Dios sigue siendo el Dios que puede hacer llover.
Contemple hoy al Señor. No contemple solamente lo que le falta. Mire a Aquel que puede proveer. No ponga su confianza en la fuente; ponga su confianza en el Dios que controla la fuente.
Quizá usted está atravesando una “sequía” en alguna área de su vida. Tal vez siente que sus recursos se están agotando, que sus fuerzas están desapareciendo o que no sabe cuánto tiempo podrá continuar. Recuerde las palabras de Jeremías: “¿No eres tú, Jehová, nuestro Dios?” Sí. Él es nuestro Dios. Él sigue siendo nuestra esperanza. Y Él sigue siendo la fuente.
Leer: Jeremías 14-17, Salmos 76-80, Proverbios 16
Según Jeremías 14:22, ¿qué reconoce Jeremías acerca de Jehová que los ídolos de las naciones no pueden hacer?
