No esperes: corrige el camino hoy

“Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien”.

Jeremías 7:23


Ayer contemplamos el llamado de Dios a Jerusalén: “Corrígete”. Vimos que la corrección de Dios no es una expresión de rechazo, sino de amor. Cuando Él nos muestra algo que necesita cambiar, nos está dando una oportunidad para detenernos, volver nuestro corazón hacia Él y corregir el camino.


Pero la corrección solamente puede ayudarnos si estamos dispuestos a escuchar y obedecer. En Jeremías 7:23, Dios le dice a Su pueblo: “Escuchad mi voz... y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien”. Qué sencillo es el camino que Dios presenta: escuchar Su voz, obedecer Su Palabra y caminar en Sus caminos.


Sin embargo, el versículo siguiente nos muestra lo que ocurrió: “Y no oyeron ni inclinaron su oído, sino que caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado”. Ellos escucharon las palabras de Dios, pero decidieron seguir su propio camino.


Esa es una de las decisiones más peligrosas que podemos tomar. Podemos saber lo que Dios dice y aun así escoger hacer las cosas a nuestra manera. Podemos escuchar una predicación, leer un versículo, sentir la convicción del Espíritu Santo y después decir: “Lo haré más adelante”. Pero cuando sabemos lo que Dios nos está pidiendo y decidimos no hacerlo, estamos escogiendo nuestro propio camino.


Jerusalén recibió una advertencia antes de convertirse en “desierto”. Esto nos enseña que no debemos esperar a experimentar las consecuencias para comenzar a obedecer. La sabiduría consiste en escuchar cuando Dios nos habla. No tenemos que esperar a perder algo para valorar la obediencia. No tenemos que esperar a que una relación se destruya completamente para reconocer nuestro orgullo. No tenemos que esperar a alejarnos completamente de Dios para darnos cuenta de que hemos dejado de buscarlo.


Muchas veces el alejamiento de Dios comienza con cosas que parecen pequeñas. Dejamos de orar como antes. Dejamos de leer Su Palabra. Empezamos a justificar aquello que antes sabíamos que estaba mal. Permitimos que el resentimiento permanezca en nuestro corazón. Confiamos más en nuestras propias fuerzas. Y poco a poco, sin darnos cuenta, nuestro corazón comienza a endurecerse.


Por eso, no ignore la corrección de Dios. No espere a que las consecuencias le obliguen a reconocer lo que Dios ya le está mostrando hoy. Si Él está señalando algo en su vida, escuche. Si le está mostrando un pecado, confiéselo. Si le está indicando un cambio, obedézcale. Si le está llamando a regresar, vuelva.


No diga: “Después lo arreglaré”. No diga: “No es tan grave”. No diga: “Todos lo hacen”. No diga: “Así soy yo”. Cuando Dios habla, nuestra responsabilidad es escuchar y caminar en el camino que Él nos ha mostrado.


La obediencia no siempre será fácil, pero el camino de Dios siempre es mejor que nuestro propio camino. Él mismo nos dice: “Andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien”.


Hoy es un buen día para corregir el camino. Hoy es un buen día para obedecer. Hoy es un buen día para volver a Dios. No espere a que el pecado produzca sus frutos. No espere a que la desobediencia destruya lo que Dios le ha dado. Escuche Su voz hoy y camine en Su camino.


Leer: Jeremías 7-9, Salmos 66-70, Proverbios 14

Según Jeremías 7:23, ¿qué dos cosas debía hacer el pueblo para que le fuera bien?