¡Mirad a Mí!
“Mirad a Mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque Yo soy Dios, y no hay más”.
Isaías 45:22
Hay momentos en la vida en los que nuestros ojos parecen fijarse únicamente en los problemas. Miramos las circunstancias, las noticias, un diagnóstico médico, las cuentas por pagar, los errores del pasado, las vidas de otros o la incertidumbre del futuro. Mientras más contemplamos aquello que nos preocupa, más grande parece hacerse delante de nosotros.
Sin embargo, Dios nos hace una invitación sencilla, pero profundamente transformadora: “Mirad a Mí”. No nos dice primero: “Resuelva todos sus problemas”, “Sea perfecto” o “Haga suficientes buenas obras”. Antes que cualquier otra cosa, nos llama a dirigir nuestra mirada hacia Él. Porque cuando nuestros ojos descansan en Dios, nuestro corazón encuentra aquello que tanto necesita: salvación, paz, esperanza y seguridad.
La palabra “mirad” no describe una simple mirada. Es una invitación a confiar, depender de Dios y volver el corazón hacia Él. Significa dejar de confiar en nuestras propias fuerzas para descansar completamente en el Señor.
Qué hermoso es saber que esta invitación no fue dirigida únicamente a Israel. Dios dice: “Todos los términos de la tierra”. Su amor alcanza a toda persona que quiera acercarse a Él. No importa el pasado, la cultura, la edad o la condición; el corazón de Dios permanece abierto para todo aquel que responde con fe.
La razón de esta invitación también es poderosa: “Porque Yo soy Dios, y no hay más”. Él es el único Dios verdadero, el Creador del cielo y de la tierra, el Rey soberano sobre toda la creación. No existe otro Salvador, otro refugio ni otra esperanza fuera de Él. Lo que para nosotros es imposible permanece completamente bajo Su poder. Nada escapa de Su autoridad.
Este versículo encuentra su cumplimiento perfecto en Jesucristo. Dios mostró el camino de salvación al enviar a Su Hijo al mundo. Así como Isaías llamó al pueblo a mirar al Señor, hoy somos llamados a mirar a Cristo, quien cargó nuestros pecados en la cruz y venció la muerte para ofrecernos vida eterna. Nuestra esperanza no descansa en nuestras obras, sino únicamente en la gracia inmerecida de Dios recibida por la fe.
Quizá hoy su corazón esté cansado. Tal vez lleva tiempo luchando con una situación que parece no cambiar. Es posible que el temor quiera robar su paz o que la ansiedad quiera ocupar el lugar de la confianza. El Señor vuelve a decirle con amor: “Mirad a Mí”. No porque ignore sus problemas, sino porque Él es infinitamente más grande que todos ellos.
Pedro permaneció firme mientras mantuvo sus ojos en Jesús. Cuando los desvió hacia el viento y las olas, comenzó a hundirse. Lo mismo sucede con nosotros. La paz no depende de que desaparezcan las tormentas, sino de mantener nuestra mirada en Aquel que gobierna sobre ellas.
Hoy Dios sigue extendiendo la misma invitación que pronunció hace siglos. No siga contemplando únicamente sus problemas. Contemple a Dios. Porque cuando nuestra mirada permanece fija en Él, descubrimos que el Dios al que contemplamos es infinitamente más grande que cualquier circunstancia que enfrentemos.
Leer: Isaías 45-48, Salmos 31-35 y Proverbios 7
Según Isaías 45:24-25, ¿qué dos cosas se encuentran en Jehová?
