Contemplando las próximas generaciones

“Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y seguridad en mis días”.

Isaías 39:7-8


Ezequías fue, en general, un rey que hizo muchas cosas buenas delante de Dios. Sin embargo, en un momento de orgullo permitió que embajadores de un reino enemigo vieran todas las riquezas que había acumulado. Dios envió a Su profeta para anunciarle que aquello que él mostró con vanidad sería llevado lejos, y que sus propios hijos y nietos sufrirían las consecuencias de aquella imprudencia. La respuesta del rey resulta difícil de comprender: se consoló pensando que, al menos, él disfrutaría de paz mientras viviera.


Con demasiada frecuencia nuestra visión es corta. Pensamos solo en lo que queremos o necesitamos en el presente y no consideramos lo que las próximas generaciones necesitarán. La Escritura enseña que dejar una herencia material a los hijos y a los nietos es algo prudente. No obstante, el legado más valioso que podemos dejarles no es oro ni propiedades, sino el testimonio de una vida de fe y de obediencia a Dios, de manera que ellos puedan seguir nuestros pasos y ser fieles a los propósitos del Señor.


Examine usted hoy su propia vida. Pregúntese si hay áreas en las que espera que las próximas generaciones no caminen como usted ha caminado. Si encuentra algo que no apunta en la dirección correcta para el futuro de sus hijos y nietos, considérelos con seriedad y cámbielo hoy. La decisión de vivir con una mirada puesta en las generaciones que vienen no solo honra a Dios, sino que también siembra un futuro de bendición en lugar de problemas.


Leer: Isaías 36-41; Salmos 21-25; Proverbios 5

¿Que sucederá con los que esperan en Jehová?