Dios persigue al rebelde
“Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí”.
Isaías 65:1
Hay una historia que ilustra lo que Dios nos muestra en este versículo. En 1848, James Wilson Marshall, un carpintero que trabajaba en el aserradero de John Sutter en California, encontró unas pepitas de oro mientras examinaba el lecho de un río.
Ese descubrimiento accidental desató la famosa Fiebre del Oro de California. Miles de hombres dejaron todo para buscar riquezas. Viajaron miles de kilómetros, soportaron hambre, frío, enfermedades y peligros, con la esperanza de encontrar oro. La mayoría de ellos nunca halló lo que buscaba.
Muchos regresaron más pobres de lo que habían partido. Marshall mismo, el descubridor, pasó el resto de su vida perseguido por mineros que creían que él conocía secretos de nuevos yacimientos. Intentó varias veces encontrar más oro, pero fracasó. Terminó sus días casi en la pobreza, sin gozar de la riqueza que su hallazgo había despertado en tantos.
¿No es esto una imagen perfecta de lo que ocurre espiritualmente? Multitudes pasan la vida buscando “tesoros” que prometen satisfacción: dinero, posición, placeres, reconocimiento. Corren detrás de ellos con esfuerzo y ansiedad, y al final descubren que esos tesoros no llenan el vacío del corazón. Mientras tanto, Dios está allí, ofreciéndose a Sí mismo.
El Señor declara en Isaías 65:1 que Él se hizo disponible a quienes ni siquiera Le buscaban. Extendió Sus manos todo el día hacia un pueblo rebelde que andaba tras sus propios pensamientos. No esperó a que ellos dieran el primer paso perfecto. Él tomó la iniciativa. Su gracia y Su bondad infinitas Le llevaron a decir: “Heme aquí, heme aquí”, aun cuando el pueblo no invocaba Su nombre. Dios no se retira ofendido cuando nosotros estamos ocupados buscando otras cosas. Él permanece disponible. Su oferta de relación no depende de que nosotros hayamos sido primero buscadores fervientes. Él se ofrece porque es misericordioso y porque sabe que, tarde o temprano, todo ser humano descubre su profunda necesidad de Él.
Esa misma gracia sigue activa hoy. Dios no espera a que usted tenga todo en orden o a que sienta un gran deseo espiritual. Él ya se ha acercado. A través de Su Palabra, por medio del Espíritu Santo y por las circunstancias de la vida, Él sigue diciendo: “Heme aquí”. La pregunta no es si Dios está disponible. La pregunta es si usted está respondiendo.
Examine su corazón y su vida hoy. ¿Está usted invirtiendo tiempo y energía en la búsqueda de tesoros que no pueden satisfacer, mientras deja pasar la oferta de una relación real con el Dios vivo? ¿Es en vano que Él se esté ofreciendo a usted? No permita que la gracia de Dios pase de largo. Él se ha hecho hallable. Busquele de verdad. Respóndale con fe y con un corazón dispuesto. Él está dispuesto a ser encontrado por usted.
Leer: Isaías 64-66, Salmos 51-55 y Proverbios 11
En resumen en los últimos capítulos de Isaías, ¿qué sucede con los justos y los rebeldes?
