Mirad para ver
“Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. ¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?”
Isaías 42:18-20
Hay una gran diferencia entre tener los ojos abiertos y realmente ver. También hay una diferencia entre escuchar sonidos y atender la voz de Dios. En este pasaje, el Señor dirige una exhortación a Su propio pueblo. Después de presentar al Siervo perfecto, el Mesías, Isaías muestra el contraste con Israel, el siervo que, teniendo tantos privilegios, había dejado de ver y de oír espiritualmente.
Israel había contemplado innumerables muestras del amor, el poder y la fidelidad de Dios. Había recibido Su Palabra, Sus promesas y Su dirección. Sin embargo, su corazón se había endurecido hasta el punto de ver sin comprender y oír sin obedecer.
Este pasaje nos recuerda una verdad que sigue siendo vigente. Es posible conocer mucho acerca de Dios y, al mismo tiempo, permitir que la rutina espiritual apague nuestra sensibilidad. Podemos leer la Biblia cada día, asistir a la iglesia, cantar himnos y escuchar sermones; pero si la Palabra no transforma nuestro corazón, corremos el riesgo de convertirnos en personas que “ven muchas cosas y no advierten”.
Dios nunca nos confronta para avergonzarnos. Su propósito siempre es restaurarnos. Como un Padre amoroso, Él nos llama porque desea abrir nuevamente nuestros ojos y despertar nuestros oídos espirituales. Él quiere librarnos de la indiferencia, del orgullo y de la costumbre que muchas veces nos impiden reconocer Su dirección.
Quizá Dios ha estado hablándole sobre perdonar a alguien, confiar en Él durante una prueba, abandonar un pecado oculto o dar un paso de fe que ha estado postergando. Su voz sigue siendo clara. La pregunta no es si Dios habla, sino si estamos dispuestos a escuchar con un corazón obediente.
La buena noticia es que Dios también promete dar vista al ciego y guiar a quienes confían en Él. Esa promesa encuentra su cumplimiento perfecto en Jesucristo, quien vino para dar vista a los ciegos espirituales y revelar al Padre a quienes creen en Él. Cuando caminamos cerca de Cristo, nuestros ojos comienzan a ver la vida desde la perspectiva de Dios y nuestro corazón aprende a responder con fe.
Hoy es un buen día para pedirle al Señor que quite todo aquello que ha nublado nuestra visión espiritual. Que renueve nuestra capacidad de maravillarnos con Su gracia, de obedecer Su Palabra y de reconocer Su mano obrando incluso en los detalles más pequeños de la vida. Un corazón sensible vale mucho más que un conocimiento que nunca produce obediencia.
Tenga cuidado. No permita que sus ojos se enfoquen únicamente en su propia perspectiva, en su propia voluntad o en su propio beneficio. Pídale a Dios que le ayude a mirar las cosas desde Su perspectiva y a vivir para lo que tiene valor eterno. El mayor peligro espiritual no es no haber oído hablar de Dios, sino acostumbrarse tanto a Su Palabra que dejemos de responder a ella. Dios desea abrir nuestros ojos, sensibilizar nuestro corazón y formar en nosotros una obediencia sincera que refleje Su gloria.
Leer: Isaías 42-44, Salmos 26-30 y Proverbios 6
Durante la lectura de Isaías 42-44, ¿cuántas veces aparece la expresión “Yo soy” pronunciada por Jehová?
