Corrígete

“Corrígete, Jerusalén, para que no se aparte mi alma de ti, para que no te convierta en desierto, en tierra inhabitada”.

Jeremías 6:8


Hay momentos en los que Dios nos habla con palabras que abrazan el corazón, pero también hay momentos en los que nos habla con palabras que nos confrontan. Jeremías 6:8 es una de esas palabras. Dios le dice a Jerusalén: “Corrígete”. No era una palabra de desprecio ni una sentencia sin esperanza; era una advertencia llena de misericordia. Dios estaba llamando a Su pueblo a reconocer su condición, abandonar el camino equivocado y regresar a Él antes de que las consecuencias de su desobediencia fueran devastadoras.


Qué importante es entender esto: la corrección de Dios también es una expresión de Su amor. Cuando el Señor nos muestra algo que debemos cambiar, nuestra primera reacción no debería ser huir de Él, sino acercarnos. A veces queremos un Dios que solamente nos consuele, pero olvidamos que el Dios que nos consuela también nos corrige. Y si nos corrige es porque le importa nuestra vida y porque no quiere que continuemos por un camino que terminará haciéndonos daño.


La palabra “corrígete” implica que había algo que debía cambiar. Jerusalén no necesitaba solamente escuchar la advertencia; necesitaba responder a ella. Esto nos enseña que el arrepentimiento verdadero no consiste únicamente en sentir tristeza por haber hecho algo malo. Arrepentirse significa cambiar de dirección, apartarse del pecado y volver el corazón hacia Dios. Podemos decir “Señor, perdóname” muchas veces, pero si deliberadamente continuamos caminando en la misma dirección, no estamos respondiendo verdaderamente a Su llamado.


Tal vez hoy Dios está haciendo algo parecido con usted. Quizá está utilizando Su Palabra para señalar una actitud que necesita abandonar, una decisión que necesita reconsiderar, una relación que necesita poner en Sus manos, una herida que necesita perdonar o un pecado que ha comenzado a justificar. Puede ser algo que nadie más conoce, pero que Dios sí ve. Y quizá su corazón ha intentado convencerle de que no es tan importante, que puede cambiar después o que no tendrá consecuencias. Pero Dios, en Su misericordia, puede estar diciéndole hoy: “Corrígete”.


Muchas veces el alejamiento de Dios comienza con cosas que parecen pequeñas. Dejamos de orar como antes. Dejamos de leer Su Palabra. Empezamos a justificar aquello que antes sabíamos que estaba mal. Permitimos que el resentimiento permanezca en nuestro corazón. Confiamos más en nuestras propias fuerzas. Y poco a poco, sin darnos cuenta, nuestro corazón comienza a endurecerse.


Por eso la corrección de Dios es tan importante: Él nos llama a detenernos antes de que el camino equivocado nos lleve demasiado lejos. No debemos despreciar la corrección simplemente porque nos incomoda. Dios puede estar usando ese momento para protegernos de algo que todavía no podemos ver.


También debemos recordar que el pecado nunca debe tomarse a la ligera. Dios le advirtió a Jerusalén que su desobediencia podía convertirla en un desierto. Esto nos recuerda que nuestras decisiones tienen consecuencias. Lo que sembramos hoy puede producir frutos mañana. Por eso debemos pedirle al Señor sabiduría para reconocer qué estamos sembrando con nuestras palabras, nuestras decisiones, nuestras relaciones y nuestra manera de vivir.


Pero en medio de esta advertencia hay una verdad preciosa: Dios estaba llamando a Jerusalén a volver antes de que fuera demasiado tarde. La corrección todavía era una oportunidad. Y quizá eso es exactamente lo que alguien necesita escuchar hoy: si Dios está mostrando algo que necesita cambiar, no piense que Su corrección significa que le ha abandonado. Al contrario, puede ser precisamente la evidencia de que todavía está tratando con usted.


Dios corrige a quienes ama. Su corrección puede doler, pero Su propósito no es destruirnos; es apartarnos de aquello que puede destruirnos.


Por eso, cuando Dios nos confronte, no escondamos nuestro pecado detrás de excusas. No digamos: “Así soy yo”, cuando Dios nos está llamando a cambiar. No digamos: “Todos lo hacen”, cuando Él nos está llamando a vivir diferente. No digamos: “Después lo arreglaré”, cuando hoy tenemos la oportunidad de escuchar Su voz. Hoy es un buen día para escuchar la corrección de Dios. Hoy es un buen día para reconocer aquello que Él quiere cambiar. Hoy es un buen día para volver nuestro corazón hacia Él.


No huya de la corrección de Dios. Contémplela como una expresión de Su amor. Cuando el Señor le muestra algo que necesita cambiar, agradezca que Él todavía está hablando y responda con un corazón dispuesto a obedecer.


Leer: Jeremías 4-6, Salmos 61-65, Proverbios 13

¿Cómo se les describe a los impíos hallados en medio del pueblo?