El valor de salvar a alguien del lodo
“Y oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco de la casa real, que habían puesto a Jeremías en la cisterna, y estando sentado el rey a la puerta de Benjamín, Ebed-melec salió de la casa del rey y habló al rey, diciendo:”
Jeremías 38:7-8
Ebed-melec no es un nombre común ni una figura famosa en las Escrituras. Era un etíope, eunuco al servicio del rey, alguien que casi nadie recordaría si no fuera por este momento. Cuando oyó que el profeta de Dios yacía hundido en el cieno de una cisterna, sin agua y sin esperanza, no se quedó callado. Se arriesgó. Fue ante el rey, denunció la maldad de aquellos hombres y luego, personalmente, se ensució las manos. Bajó trapos viejos y ropas raídas para proteger al siervo de Dios, y con sogas lo sacó del lodo. Dios lo había colocado allí, en ese lugar y en ese tiempo, precisamente para eso.
Hace poco, en un bosque remoto de Minnesota, dos amigos salieron a recorrer senderos en su vehículo todo terreno. Ese día decidieron tomar un camino distinto al de siempre. Allí encontraron a una mujer de sesenta y ocho años casi completamente sumergida en un charco de lodo que ella misma describió “como arenas movedizas”. Llevaba tres días atrapada, con solo parte del rostro visible, quemada por el sol y al borde de la muerte. Cuando los hombres se acercaron, ella apenas pudo susurrar: “Ayúdenme”. Sin pensarlo, se metieron en el barro, la levantaron y la salvaron. Más tarde dijeron con sencillez: “Tuvo que ser Dios”. No buscaban fama; solo estaban en el lugar correcto en el momento preciso, dispuestos a ensuciarse y a arriesgarse.
Muchas veces confundimos la fama con el propósito y el talento con el valor. Dios ha hecho a cada persona de manera única para servirle de una forma particular. En lugar de sentir celos por cómo otro sirve al Señor, hay mucho que aprender de este siervo fiel que reconoció su capacidad de ayudar en el momento de la necesidad. A lo largo de la historia existen incontables relatos que nunca se contarán de cristianos silenciosos que animaron y sostuvieron al hombre de Dios en su camino. Qué gran privilegio es tener parte en el ministerio del Señor, sea cual sea la capacidad que Él nos haya dado.
Examine usted con honestidad si está aprovechando plenamente las oportunidades que Dios le ha puesto delante para servirle y para apoyar a quienes Él ha llamado a Su obra. El valor no siempre se ve desde lejos; a menudo se demuestra bajando al lodo para levantar a otro.
Leer: Jeremías 38-41; Salmos 111-115; Proverbios 23
En una palabra, ¿cómo describía el secretísimo que se encuentra alrededor del trato con el profeta Jeremías? Describe porque esa palabra
