El precio de anunciar la verdad
“Y cuando terminó de hablar Jeremías todo lo que Jehová le había mandado que hablase a todo el pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le echaron mano, diciendo: De cierto morirás”.
Jeremías 26:8
Jeremías había recibido una palabra directa de Jehová y la proclamó sin retener nada, tal como se le había ordenado. Su fidelidad no dependía de la aceptación del pueblo ni de las consecuencias que pudiera enfrentar.
El mensaje era claro y difícil: si no se volvían de su mal camino, aquella casa sería como Silo y la ciudad quedaría asolada. El pueblo, los sacerdotes y los profetas, en lugar de arrepentirse, se llenaron de ira. Lo tomaron y exigieron su muerte de manera pública. Jeremías quedó detenido mientras otros discutían su destino.
En medio de aquella situación, él no se defendió con argumentos humanos ni buscó salvarse a cualquier costo. Les dijo que estaba en sus manos y que hicieran con él lo que les pareciera mejor y más recto, pero les advirtió con claridad que si lo mataban estarían derramando sangre inocente sobre ellos, sobre la ciudad y sobre sus moradores, porque en verdad Jehová lo había enviado para pronunciar aquellas palabras.
Algunos hombres sabios se levantaron entonces y recordaron ejemplos anteriores. Declararon que no debían hacer daño a alguien solo por cumplir la voluntad de Dios. Los príncipes y el pueblo reconocieron que Jeremías no había incurrido en pena de muerte, pues había hablado en el nombre de Jehová. Al menos no lo mataron. Jeremías se mantuvo firme en lo que Dios le había encomendado. No cambió el mensaje para agradar a los que lo oían ni reculó ante la amenaza. Hizo lo correcto y se sostuvo en su decisión, confiando el resultado a Aquel que lo había enviado.
Cuando usted observa que cosas difíciles ocurren en la vida de quienes están siendo obedientes a Dios, es fácil preguntarse por qué sucede y pensar que algo debe estar mal. Pasar por tiempos difíciles no significa necesariamente que usted esté viviendo en desobediencia. Los tiempos difíciles forman parte de la vida en este mundo caído. También son una oportunidad para que Dios se muestre real en su vida.
Es precisamente en los momentos más duros cuando usted suele acercarse más a Él. Esa cercanía con Dios vale la pena los tiempos difíciles, aunque usted deba recordárselo una y otra vez. Jeremías no evitó el conflicto ni suavizó la Palabra para evitar el rechazo. Siguió siendo fiel. Ese es el ejemplo que usted tiene delante. Hoy decida tomar una posición valiente por lo que Dios le ha llamado a hacer y decida confiar en Él con los resultados.
Leer: Jeremías 26-29; Salmos 91-95; Proverbios 19
¿Que pasó con el profeta falso nombrado?
