Clama a Mí
“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.
Jeremías 33:3
Hay momentos en nuestra vida en los que no sabemos qué hacer. Oramos, pensamos, analizamos las circunstancias y buscamos respuestas, pero aun así no logramos comprender lo que está sucediendo. Hay situaciones en las que solamente podemos ver una pequeña parte de la historia, mientras que Dios conoce completamente el principio, el proceso y el final.
Fue precisamente en un contexto difícil que Dios le dijo a Jeremías: “Clama a mí”. Dios no le dijo que confiara en su propia capacidad para entender lo que estaba ocurriendo, sino que lo llamó a buscarlo. Esto nos enseña que cuando no comprendemos una situación, nuestra respuesta no debe ser alejarnos de Dios, sino acercarnos más a Él.
Clamar significa acudir a Dios reconociendo nuestra necesidad. Es decirle: “Señor, no tengo todas las respuestas. No sé qué hacer. No puedo ver lo que Tú ves. Necesito que me ayudes”. Y qué hermoso es que Dios no solamente nos diga que clamemos, sino que también nos dé una promesa: “Yo te responderé”.
Dios escucha nuestras oraciones. Él no es indiferente a nuestro dolor, nuestras preguntas ni nuestras preocupaciones. Sin embargo, Su respuesta no siempre será exactamente lo que esperamos. A veces responderá cambiando una circunstancia; otras veces nos dará fuerzas para atravesarla; algunas veces cerrará una puerta que queríamos abierta, y en otras ocasiones nos pedirá esperar. Pero cualquiera que sea Su respuesta, podemos confiar en que procede de un Dios que ve mucho más allá de lo que nosotros podemos ver.
Hay algo todavía más profundo en este versículo. Dios dice: “Te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. Esto significa que Dios no solamente quiere responder nuestras peticiones; también quiere enseñarnos.
Muchas veces acudimos a Dios esperando que nos explique por qué ocurre algo, pero Dios puede tener un propósito diferente. Quizá quiere enseñarnos a confiar. Quizá quiere desarrollar paciencia en nosotros. Quizá quiere mostrarnos una actitud que necesita cambiar. Quizá quiere enseñarnos a depender menos de nuestras propias fuerzas y más de Él.
A veces nuestra oración es: “Señor, cambia esta situación”, mientras que Dios está diciendo: “Primero quiero transformar tu corazón dentro de esta situación”.
Nuestra perspectiva es limitada. Nosotros vemos lo que está sucediendo hoy; Dios ve lo que está formando para mañana. Nosotros vemos una puerta cerrada; Dios puede estar protegiéndonos de algo que todavía no conocemos. Nosotros vemos una espera; Dios puede estar preparando algo. Nosotros vemos una pérdida; Dios puede estar produciendo algo en nuestro interior que solamente podría nacer a través de ese proceso.
Por eso no debemos apresurarnos a concluir que, porque no entendemos lo que Dios está haciendo, significa que Dios no está haciendo nada.
Jeremías necesitaba aprender esto. El contexto era difícil, pero Dios sabía que había cosas que Jeremías todavía no conocía. De la misma manera, hay cosas acerca de nuestra propia vida que todavía no entendemos. No necesitamos conocer cada detalle del futuro para confiar en Aquel que ya conoce nuestro futuro.
Tal vez hoy esté enfrentando una situación para la cual no tiene respuestas. Tal vez ha estado preguntándole a Dios por qué algo no cambia. Quizá ha orado por dirección y todavía no sabe qué camino tomar. No permita que la falta de comprensión le lleve a la desesperación. Haga de ella una razón para clamar.
Dígale al Señor: “Dios, no entiendo, pero confío en Ti. No puedo verlo todo, pero sé que Tú sí puedes. No tengo todas las respuestas, pero sé que Tú las tienes. Enséñame lo que necesito aprender y muéstrame aquello que todavía no puedo ver”. Porque la oración no solamente puede cambiar circunstancias; la oración también cambia nuestro corazón y nuestra perspectiva.
Leer: Jeremías 32-34, Salmos 101-105 y Proverbios 21
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