Confiando en el reposo divino

“Ejecutad, pues, Mis estatutos y guardad Mis órdenes, poniéndolos por obra, y habitaréis seguros en la tierra. Y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta saciaros, y habitaréis en ella con seguridad”.

Levítico 25:18-19


En el libro de Levítico, Dios establece instrucciones claras para Su pueblo acerca del año sabático, un tiempo en el que la tierra debía reposar cada siete años. Durante ese período, los israelitas no debían sembrar ni cosechar de manera intencional; en cambio, debían confiar en que Dios proveería lo necesario a través de lo que la tierra produjera por sí sola. Esta ordenanza parecía ilógica desde una perspectiva humana: ¿cómo podría una nación sobrevivir sin trabajar la tierra activamente? Sin embargo, Dios promete en estos versículos que, si Su pueblo obedece, la tierra no solo será segura, sino que producirá abundantemente, permitiendo que coman hasta saciarse. Esta promesa va más allá de la mera provisión material; es una invitación a confiar en la fidelidad de Dios, incluso cuando la obediencia implica detenerse y descansar.


Expandiendo este concepto, vemos que el reposo sabático no es solo un mandato agrícola, sino un principio espiritual profundo. En el contexto de Levítico 25, Dios asegura que el año anterior al sabático la tierra daría fruto suficiente para cubrir tres años: el sexto, el séptimo (de reposo) y el octavo, hasta la nueva cosecha. Esta provisión milagrosa requería fe absoluta. Imagine usted la tentación de desobedecer por miedo a la escasez: “¿Y si no hay suficiente? ¿Y si fallamos en proveer para nuestras familias?” Pero Dios, en Su soberanía, usa estos tiempos de reposo para recordarnos que Él es el verdadero Proveedor. La obediencia, aunque parezca contraproducente, libera bendiciones que superan nuestras expectativas humanas. En un mundo que valora la productividad constante, este pasaje nos enseña que el verdadero descanso en Dios trae seguridad y abundancia, no por nuestros esfuerzos, sino por Su gracia.


Para ilustrar la importancia de obedecer a Dios incluso cuando no parece lógico, considere la historia verdadera de George Müller, un hombre de fe del siglo XIX que fundó orfanatos en Bristol, Inglaterra, sin pedir nunca dinero a nadie. Müller decidió depender exclusivamente de la oración y la fe en Dios para proveer todo lo necesario para miles de huérfanos —comida, ropa, techo y educación—. En numerosas ocasiones, las despensas estaban vacías y no había comida para el desayuno de los niños. En lugar de pedir ayuda humana o endeudarse, Müller oraba y confiaba en que Dios proveería.


Una mañana famosa, sin nada en la cocina, reunió a los niños para dar gracias por la comida que aún no veían. Justo entonces, llamaron a la puerta: un panadero, incapaz de dormir la noche anterior por preocupación por los niños, había horneado pan toda la noche y lo traía. Poco después, llegó el lechero con leche porque su carro se había averiado frente al orfanato y la leche se echaría a perder si no la usaban. Estas provisiones milagrosas se repitieron muchas veces durante décadas, alimentando a más de 10,000 huérfanos sin que Müller solicitara fondos. Su obediencia radical a no depender de medios humanos, aunque parecía ilógica en un mundo práctico, demostró que Dios provee abundantemente cuando confiamos en Él y obedecemos, incluso en tiempos de “reposo” forzado por la falta aparente.


Hoy, ¿en qué área de su vida le pide Dios que descanse y confíe en Él? Tal vez sea en sus finanzas, su carrera o sus relaciones, donde la obediencia implica soltar el control. Desafíese a ejecutar Sus estatutos, sabiendo que, como promete en Levítico, Él hará que su “tierra” dé fruto abundante y le permitirá vivir en seguridad. Que esta verdad inspire su corazón a una fe más profunda, convencida de que el reposo en Dios es el camino a la verdadera provisión.


Video de hoy: https://youtu.be/mlFR5Isl0W0


Leer: Levítico 24-25; Salmo 50; Proverbios 9

¿Qué tipo de incienso debería ofrecer a Dios?