Fallando en medio del plan de Dios

“Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en Mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado. Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y Él se santificó en ellos”.

Números 20:12-13


Hay una verdad de la que pocas veces hablamos: podemos estar en la voluntad de Dios… y aun así fallar.


El pueblo de Israel estaba exactamente donde Dios los había guiado: en el desierto. No estaban fuera del plan de Dios. No se habían desviado. Estaban caminando hacia la tierra prometida. Sin embargo, en medio de ese proceso comenzaron a murmurar.


La falta de agua despertó quejas antiguas. El pueblo dijo: “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto?” Olvidaron que fue Dios quien los liberó. Olvidaron el mar abierto, el maná, la nube y el fuego. La escasez presente les hizo dudar de la fidelidad pasada.


Muchas veces pensamos que, si estamos obedeciendo, todo debe fluir sin dificultades. Pero el desierto también era voluntad de Dios. La prueba no significaba abandono. El problema no fue la falta de agua. El problema fue la murmuración.


La murmuración revela un corazón que duda del carácter de Dios. Moisés y Aarón hicieron lo correcto al principio: se postraron ante Dios, y la gloria de Jehová apareció. Dios dio una instrucción clara: hablar a la peña. Pero Moisés, cargado de duelo (acababa de morir María) y de años de presión constante, reaccionó con ira: “¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?” Luego golpeó la roca dos veces.


Dios sí proveyó agua, pero confrontó a Moisés: “Por cuanto no creísteis en Mí, para santificarme…”. Aquí vemos algo profundo: se puede estar en la voluntad de Dios y fallar en la actitud.


Moisés no se rebeló abiertamente contra Dios. No dejó el ministerio. No volvió a Egipto. Pero permitió que la frustración gobernara su obediencia. La obediencia parcial sigue siendo desobediencia.


Este momento es clave porque la roca apuntaba a Cristo. En 1 Corintios 10:4 se nos dice que la roca es Cristo. En una ocasión anterior, en Éxodo 17, la roca fue golpeada. Aquí solo debía hablarse. Cristo sería herido una vez, no dos. Cuando Moisés golpeó la roca, distorsionó el cuadro profético que Dios estaba mostrando.


Esto nos enseña que no solo importa hacer la obra de Dios; importa hacerla como Él dice. Aunque Moisés era un hombre en comunión con Dios, su falla tuvo consecuencias: no entraría en la tierra prometida. Esto no significa que Dios dejó de amarlo; significa que Dios es Santo. Estar en la voluntad de Dios no nos hace inmunes a la disciplina.


Tal vez hoy usted está en la voluntad de Dios:

• Criando a sus hijos.

• Sirviendo en su iglesia.

• Esperando una promesa.

• Caminando en un proceso que no entiende.


Y aun así, está cansado, frustrado y tentado a murmurar o a no hacer las cosas correctamente. Por eso necesita recordar:

• El desierto también es dirección y plan de Dios.

• La presión revela lo que hay en el corazón.

• Podemos fallar, pero Dios sigue siendo fiel.

• Nuestra actitud importa tanto como nuestra obediencia externa.


La buena noticia es que donde Moisés falló, Cristo no falló. Él obedeció perfectamente la voluntad del Padre, incluso bajo presión.


Leer: Números 18–20, Salmos 63–64 y Proverbios 19

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