Tesoros escondidos

“Y por nombre señalaréis todos los utensilios que han de llevar: las columnas alrededor del atrio, sus basas, sus estacas y sus cuerdas, con todos sus instrumentos y todo su servicio”.

Números 4:32


Los capítulos 3 y 4 del libro de Números describen con detalle el trabajo de los levitas y las tareas específicas que debían realizar cuando el tabernáculo se trasladaba de un lugar a otro. Cada familia levita tenía una responsabilidad distinta: unos cargaban las cortinas, otros las tablas, otros los utensilios sagrados. Nada era improvisado. Dios asignó funciones precisas, tiempos definidos y reglas estrictas para este servicio. El traslado del tabernáculo no era un simple movimiento logístico; era un acto sagrado. Cada detalle importaba porque se trataba de la morada de Dios en medio de Su pueblo.


A primera vista, estos capítulos pueden parecer monótonos: nombres, números, medidas y cargas. Sin embargo, cuando usted los observa con atención, descubre que contienen lecciones espirituales profundas. Como ocurre con muchas partes de la Escritura, si solo se leen por encima, parecen aburridas; pero si se buscan con intención, revelan tesoros para la vida diaria. Veamos algunos de esos “tesoros” escondidos en estos pasajes.


Primero, Dios cuenta a los que Le sirven. En Números 3, Dios manda a contar a los levitas uno por uno. Esto nos recuerda que para Dios usted no es parte de una multitud anónima. Él conoce a los que cargan Su obra y no pierde de vista a ninguno.


Segundo, diferentes cargas, misma santidad. Cada familia levita llevaba partes distintas del tabernáculo: algunos objetos eran livianos, otros pesados. No todos cargaban lo mismo, pero todos cargaban algo santo. En el pueblo de Dios, no todos tenemos la misma responsabilidad, pero todos tenemos una tarea sagrada.


Tercero, lo santo debía ir cubierto. Antes de transportar los utensilios sagrados, debían cubrirlos cuidadosamente. Esto enseña que la santidad no se maneja con ligereza. La cercanía con Dios nunca debe convertirse en irreverencia.


Cuarto, Dios establece tiempos para servir. Los levitas comenzaban su servicio a los treinta años y lo terminaban a los cincuenta. Esto muestra que Dios valora la preparación y reconoce las temporadas de la vida. No todo tiempo es igual para toda carga.


Quinto, servir sin poseer. Los levitas llevaban los objetos sagrados, pero no podían tocarlos directamente. Esto nos recuerda que servimos a Dios, pero no controlamos Su obra. Somos portadores, no dueños.


Sexto, los ministerios invisibles importan. Algunos levitas cuidaban estacas, cuerdas y bases. Nadie los veía, pero sin ellos el tabernáculo no se sostenía. Dios honra el servicio que otros ignoran.


Estos capítulos nos enseñan que el servicio a Dios no es casual ni insignificante. Cada tarea, cada persona y cada detalle tienen valor delante de Él. Lo que parece aburrido a los ojos humanos es profundamente significativo para Dios. Si usted aprende a mirar con atención, descubrirá que incluso los textos más técnicos esconden verdades que transforman la manera en que sirve, descansa y confía en Él.


Leer: Números 3-4; Salmos 54-55; Proverbios 12

¿Quién tomó el lugar de los primogénitos ante Dios… y qué significa eso para usted?