El peligro de murmurar
“Y aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y le disgustó…”
Números 11:1
La queja no es algo pequeño para Dios. En Números 11:1, el murmullo del pueblo no solo incomodó al Señor: le disgustó, y su enojo se encendió de tal manera que fuego cayó entre ellos. Lo que para nosotros parece algo normal o incluso justificable, para Dios era algo serio. Sus palabras revelaban corazones que no confiaban en Su cuidado, que despreciaban Su provisión y que olvidaban Su bondad.
Existe una ilustración real que muestra este mismo principio. Hace algunos años, en una zona rural, se reportó el caso de un agricultor que se quejaba constantemente de todo: del clima, de su cosecha, de sus vecinos e incluso de Dios. Una noche, frustrado por una mala temporada, entró a su granero murmurando y, sin cuidado, golpeó un calentador de queroseno que usaba para proteger a unos becerros recién nacidos. En cuestión de minutos, el heno seco se encendió. El fuego se propagó rápidamente y destruyó el granero y buena parte de lo que tenía. Mientras observaba las llamas consumirlo todo, él mismo dijo: “He estado maldiciendo este lugar por años, y ahora se quemó tal como yo decía”. Sus palabras no causaron el fuego, pero su espíritu de queja lo llevó a la negligencia, y esa negligencia trajo destrucción.
En la Biblia, el fuego muchas veces representa el juicio y la santidad de Dios. En Números 11, Dios usó el fuego para enseñar que la queja no es neutral: es ofensiva para un Dios santo. Quejarse dice: “Dios, Tú no estás manejando bien mi vida”. Pone en duda Su sabiduría, Su tiempo y Su bondad.
Ahora hagámoslo personal. ¿De qué se ha estado quejando usted últimamente? ¿De su trabajo? ¿De su salud? ¿De su situación económica? ¿De su familia? ¿De su iglesia? ¿De sus circunstancias?
Yo sé que soy culpable. Dios nos ha provisto todo lo que necesitamos. Nos ha dado salvación en Cristo. Nos está guiando en un camino maravilloso dentro de Su voluntad. Él tiene el control. Sus bendiciones abundan. Su comunión está disponible. Y aun así, nos quejamos.
La queja no tiene que ver solo con las circunstancias, sino con la confianza. Israel tenía maná, dirección, protección y la presencia de Dios… y aun así murmuró. Nosotros tenemos a Cristo, la Palabra de Dios, el Espíritu Santo y la esperanza del cielo… y aun así nos quejamos.
Entonces pregúntese hoy con honestidad: ¿Cómo se siente Dios con mi actitud de queja en este momento? Él no lo ve como simple desahogo. Él lo ve como un corazón que olvida la gracia. En lugar de murmurar, Él nos llama a la gratitud. En lugar de resentimiento, nos llama a recordar quién es Él y lo que ha hecho.
Antes de que caiga el fuego, Dios siempre da una advertencia. Números 11:1 es esa advertencia. Que seamos personas que escojan alabanza en vez de protesta, gratitud en vez de murmuración y fe en vez de frustración. Porque Dios no solo oye lo que decimos…Él oye lo que nuestras palabras revelan de nuestro corazón.
Leer: Números 11-13; Salmo 60; Proverbios 16
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