La Familia: Centro Divino de Enseñanza
“Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Los hijos de Israel acamparán cada uno junto a su bandera, según las insignias de las casas de sus padres; alrededor del tabernáculo de reunión acamparán”.
Números 2:1-2
Dios establece un orden claro para el pueblo de Israel en el desierto. Cada familia debía acampar bajo su propia bandera, un símbolo de identidad y herencia. Esta disposición no era mero capricho logístico, sino una manifestación del diseño divino para la vida comunitaria. Bajo esas insignias familiares, se transmitían las enseñanzas, las tradiciones y, sobre todo, el conocimiento de Dios. Era en el seno de la familia donde se perpetuaba la fe, generación tras generación. Dios, en Su sabiduría infinita, ha diseñado la familia como el núcleo principal para la educación espiritual. No es casualidad que las Escrituras enfatizen repetidamente el rol de los padres en instruir a sus hijos: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” Deuteronomio 6:6-7. Aquí, Él revela que la familia es el centro primario de formación, un lugar donde se cultiva el temor del Señor de manera cotidiana e íntima.
Sin embargo, en nuestra sociedad actual, a menudo intentamos delegar esta responsabilidad sagrada. Muchos padres confían la educación espiritual de sus hijos exclusivamente a la iglesia o a la escuela, creyendo que estos entornos bastan para suplir lo que Dios ha encomendado a la familia. Pero este enfoque distorsiona el plan divino. La iglesia y la escuela son aliados valiosos, pero no pueden reemplazar el impacto único de los padres modelando la fe en el hogar. Cuando los hijos ven a sus padres orando, estudiando la Palabra y viviendo con integridad, aprenden no solo conceptos, sino un estilo de vida arraigado en Dios. Dios ha colocado a los padres como guardianes principales, porque es en la intimidad familiar donde se forjan caracteres eternos. Delegar esta tarea puede llevar a una fe superficial, desconectada de la realidad diaria, y priva a los hijos de la herencia espiritual que Dios intende que reciban directamente de sus progenitores.
Un ejemplo claro de la importancia de que los hijos sean criados por sus propios padres se encuentra en la vida de Susanna Wesley, madre de John y Charles Wesley, predicadores usados por Dios en el siglo XVIII. Susanna, una mujer de fe profunda, crió a sus diez hijos sobrevivientes en un hogar humilde en Inglaterra, asumiendo personalmente su educación. A pesar de la pobreza y las dificultades, dedicaba tiempo diario a enseñarles la Biblia, la lectura y las disciplinas espirituales. No delegó esta tarea a instituciones; en cambio, implementó un sistema de educación en el hogar donde cada niño recibía instrucción individualizada en la fe. John Wesley recordaba cómo su madre les enseñaba a orar y a discernir la voluntad de Dios, incluso en medio de adversidades como incendios y deudas. Esta crianza intencional por parte de sus padres no solo formó su carácter, sino que impulsó un avivamiento espiritual que impactó a millones. Estudios históricos muestran que los hijos de Susanna no solo sobresalieron en su fe, sino que transformaron la sociedad, demostrando que la inversión parental en la educación espiritual produce frutos duraderos que superan cualquier substituto institucional.
Dios nos llama a reclamar este rol divino. En un mundo donde las distracciones abundan, Él le insta a priorizar la enseñanza en el hogar, bajo la “bandera” de su familia. No delega que la iglesia o la escuela asuman lo que es su privilegio y responsabilidad. Disfrute criándolos en los caminos de Dios personalmente.
Hoy, dedique tiempo intencional a enseñar a sus hijos sobre Dios en el hogar, ya sea a través de una lectura bíblica familiar o una conversación sobre Su fidelidad. Observe cómo esta práctica fortalece los lazos y profundiza la fe, reflejando el orden que Él estableció en el desierto.
Video de hoy: https://youtu.be/Ep3K2NnFjCo
Leer: Números 1-2; Salmos 52-53; Proverbios 11
¿Cuántos hombres listos para la guerra había en este momento de la jornada a la tierra prometida? ¿Cuantas personas cree usted que había en total basado en este número?
