La importancia de cumplir nuestros votos a Dios

“Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca”

Números 30:2


Este versículo forma parte de un capítulo entero dedicado a la seriedad de los votos hechos al Señor. En el contexto de la ley mosaica, se enfatiza no solo la obligación personal de cumplir lo prometido, sino también el rol protector del padre o del esposo sobre la mujer. Si una hija o esposa hacía un voto impulsivo, el padre o el esposo podía anularlo al enterarse, protegiéndola de consecuencias graves. Esto revela el diseño amoroso de Dios, quien establece un sistema para manejar promesas rotas, reconociendo nuestra humanidad frágil, pero sin excusar la ligereza en nuestras palabras.


En una cultura actual donde es común hacer promesas rápidas a Dios —ya sea en momentos de crisis, como “Señor, si me ayudas, te serviré para siempre”, o en impulsos emocionales durante un culto— necesitamos recordar que Él toma en serio nuestras declaraciones. No es que Dios sea un juez implacable esperando nuestro fracaso, sino que Su plan incluye gracia para arrepentirnos y restaurarnos. Sin embargo, la Escritura nos advierte sabiamente en Eclesiastés 5:5: “Mejor es que no prometas, que prometer y no cumplir”. Esta verdad nos insta a reflexionar antes de hablar, a medir nuestras palabras con el peso eterno que conllevan. ¿Cuántas veces hemos prometido algo al Señor en el calor del momento, solo para olvidarlo cuando la vida se normaliza? Dios, en Su misericordia, nos invita a una integridad que refleje Su carácter inmutable.


Una historia verdadera que ilustra el valor de la honestidad, incluso a gran sacrificio, es la de Abraham Lincoln, conocido como “Honest Abe”. En su juventud, mientras trabajaba como dependiente en una tienda en New Salem, Illinois, Lincoln se dio cuenta de que había cobrado de más a una clienta por unos pocos centavos en una compra de té. Aunque la cantidad era mínima —apenas seis centavos y un cuarto—, y la mujer vivía a varios kilómetros de distancia, Lincoln no pudo dormir esa noche. Al cerrar la tienda, caminó cinco kilometros bajo la oscuridad para devolver el dinero exacto. Esta acción no solo le costó tiempo y esfuerzo físico, sino que también demostró su compromiso inquebrantable con la integridad, incluso cuando nadie más lo sabría. Años después, esta reputación de honestidad le abrió puertas en su carrera política, recordándonos que la fidelidad en lo pequeño prepara bendiciones en lo grande. Lincoln sacrificó su comodidad por la verdad, reflejando el principio bíblico de no quebrantar la palabra dada.


Usted está llamado a examinar sus promesas ante Dios. En medio de una sociedad que valora la conveniencia sobre el compromiso, ¿está dispuesto a cumplir sus votos, confiando en que Él provee la fuerza para hacerlo? Recuerde que el Señor no solo demanda integridad, sino que también ofrece Su gracia para rectificar lo que hemos fallado. Que este capítulo de Números le inspire a hablar con cautela y actuar con fidelidad, sabiendo que Dios honra a quienes le honran con sus vidas. ¿Qué promesa pendiente podría renovar hoy, permitiendo que Su sistema de protección y restauración obre en usted?


Leer: Números 28-30; Salmo 69; Proverbios 23

¿Cuando sería el mes séptimo mencionado en números 29 en nuestro calendario hoy?