La verdadera herencia
“Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos”.
Números 35:7
Hay momentos en la vida en los que pensamos que la seguridad significa tener más, poseer más o asegurar nuestro propio futuro. Sin embargo, Dios muchas veces obra al revés de nuestra lógica: llama a algunos a servirle completamente y luego demuestra que Él mismo será suficiente para sostenerlos.
Los levitas no recibieron grandes territorios como las demás tribus. Su herencia no era un lugar… era una Persona. Dios mismo.
Ese principio sigue vivo hoy. Cuando Dios ocupa el primer lugar, nunca deja vacíos. Él provee relaciones, oportunidades, descanso y sustento de maneras que usted no imagina. A veces no lo hace acumulando cosas, sino rodeándolo de gracia. Muchas veces la herencia no viene en bienes materiales, sino en victorias del cielo y bendiciones eternas.
Dios también enseñó algo profundo al pueblo: la vida espiritual no es responsabilidad de unos pocos, sino de todos. Cada tribu participó en preparar espacio para quienes enseñaban y guiaban espiritualmente. Era un recordatorio constante de que nadie crece solo. No sea usted alguien que debilita la vida espiritual de otros. Si su vida está influyendo positivamente en el crecimiento espiritual de quienes le rodean, ¡gloria a Dios! Pero si usted siente que no está ayudando a sus hermanos, hoy es un buen día para corregir eso y convertirse en bendición.
Dios coloca personas cerca de usted para enseñarle, animarle o corregirle: pastores, amigos, hermanos en la fe e incluso circunstancias difíciles que lo forman. Su presencia nunca está lejos; Él siempre acerca Su voz a su corazón.
También vemos algo hermoso: Dios no pidió servicio sin cuidado. Él dio hogares, espacios y provisión. El Señor no llama a una vida de desgaste sin propósito, sino a una entrega sostenida por Su descanso.
Tal vez hoy usted siente que ha dado mucho.
Ha servido.
Ha obedecido.
Ha sembrado.
Y quizá se pregunta si Dios realmente ve su entrega.
Este versículo susurra una verdad sencilla: Dios organiza incluso aquello que parece pequeño para sostener a quienes caminan con Él. Nada queda fuera de Su atención. Él es su herencia, ¿por qué habría de preocuparse? Cuando Dios es su herencia, usted nunca está desamparado.
Leer: Números 35–36, Salmos 73 y Proverbios 26
¿Cuál es la importancia de la ciudad de refugio y por qué necesita morir el sacerdote para que una persona pueda salir de ella?
