Tu pecado te alcanzará… pero la honestidad te libera

“Y sea el país sojuzgado delante de Jehová; luego volveréis, y seréis libres de culpa para con Jehová y para con Israel; y esta tierra será vuestra en heredad delante de Jehová. Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará”.

Números 32:22-23


El pueblo de Israel está a punto de entrar en la Tierra Prometida. Dos tribus, Rubén y Gad, ven la tierra al oriente del Jordán —Galaad y sus alrededores— y notan que es ideal para su abundante ganado. Ellos piden quedarse allí, en lugar de cruzar el río con los demás. Al principio, Moisés los malinterpreta: ¿acaso están evadiendo la batalla, como sus antepasados en el desierto? ¿Quieren repetir el error que tanto costó?


Pero las tribus aclaran su intención. No se quedarán atrás por egoísmo. Se comprometen a enviar a sus guerreros para luchar junto a sus hermanos hasta que toda la tierra sea conquistada. Solo entonces regresarán a sus familias y posesiones. Moisés acepta el plan con una condición clara: si cumplen su palabra, serán inocentes delante de Dios y delante de Israel. Pero si no, “sabed que vuestro pecado os alcanzará”.


Estas palabras resuenan con fuerza: vuestro pecado os alcanzará. No dice “quizá” o “tal vez”. Es una certeza. El pecado no se queda escondido para siempre. Alguien ha dicho sabiamente que el tiempo y la verdad siempre se unen. Lo que intentamos encubrir, tarde o temprano sale a la luz. Puede ser un compromiso roto, una mentira pequeña o una decisión egoísta. El pecado tiene su propia manera de perseguirnos y alcanzarnos en el momento menos esperado.


Lo hermoso de esta historia es que las tribus de Rubén y Gad sí cumplieron lo que prometieron, como se ve más adelante en Josué 22. Lucharon fielmente, ayudaron a conquistar la tierra y luego regresaron en paz. Su integridad les trajo bendición. Quedaron libres de culpa y recibieron su heredad. Su ejemplo nos recuerda que la obediencia y la honestidad producen verdadera libertad.


Hoy, Dios le invita a usted a lo mismo: vivir con integridad delante de Él y delante de los hombres. No se trata solo de evitar el pecado evidente, sino de cumplir sus promesas, ser transparente en sus intenciones y actuar con rectitud incluso cuando nadie le ve. Porque Dios siempre ve, y el tiempo revela la verdad.


¿En qué áreas de su vida necesita usted más honestidad, sabiendo que “su pecado le alcanzará” si no se arrepiente? Viva de tal manera que cuando el tiempo revele la verdad, no haya vergüenza ni remordimiento, sino una vida de integridad vivida delante de un Dios justo y puro.


Leer: Números 31-32; Salmos 70-71; Proverbios 24

Aunque Dios pidió 1 de cada 500 del botín, ¿de cuántos fue Dios el dueño antes y después de la distribución?