Los ídolos del corazón

“Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro”.

Ezequiel 14:3


Ezequiel 14 nos presenta una escena muy interesante. Algunos de los ancianos de Israel vinieron delante del profeta para consultar a Jehová, pero Dios reveló algo que ellos mismos quizá no querían reconocer: habían puesto sus ídolos en su corazón. Exteriormente estaban buscando a Dios, pero interiormente ya habían decidido qué cosas ocuparían el primer lugar. Querían consultar a Dios sin quitar aquello que competía con Él. Esto nos enseña que es posible acercarnos a Dios con nuestros labios mientras nuestro corazón permanece aferrado a algo que no estamos dispuestos a entregar.


Cuando pensamos en un ídolo, normalmente imaginamos una estatua o algún objeto al que alguien se inclina para adorar. Pero Ezequiel nos lleva mucho más profundo. Un ídolo también puede ser cualquier cosa que ocupa en nuestro corazón el lugar que solamente Dios debe ocupar. Puede ser una persona, un deseo, una meta, una relación, una posesión, nuestra comodidad o incluso nuestra propia voluntad. El problema no siempre es que dejemos de hablar con Dios; puede ser que queremos que Dios se acomode a aquello que nosotros ya hemos decidido. Podemos orar, leer la Biblia, asistir a la iglesia y aun así guardar en nuestro corazón algo que no queremos rendir completamente al Señor.


Aquí encontramos una verdad que puede cambiar nuestra vida: Dios no quiere solamente que le demos un lugar en nuestra vida; Él quiere ocupar el primer lugar. No podemos pedirle sinceramente que dirija nuestros pasos mientras nosotros seguimos aferrados al volante. No podemos decir “hágase Tu voluntad” si en nuestro corazón ya hemos decidido que hay ciertas cosas que no estamos dispuestos a entregar. A veces queremos la dirección de Dios, pero solamente si confirma nuestros planes. Queremos Su bendición, pero no necesariamente Su gobierno. Queremos que Él cambie nuestras circunstancias, pero no queremos que Él cambie nuestros deseos.


Por eso, Ezequiel 14 nos invita a hacer una evaluación profunda y honesta. ¿Hay algo que usted ama más que a Dios? ¿Hay algo que desea conservar aunque Dios le muestre que debe entregarlo? ¿Hay alguna decisión que ya tomó y ahora solamente está buscando que Dios la apruebe? Quizá nadie más pueda ver ese ídolo, pero Dios sí lo ve. Y la buena noticia es que Él no revela nuestros ídolos para destruirnos, sino para llamarnos nuevamente a Él. Cuando quitamos del trono aquello que nunca debió ocuparlo, descubrimos que Dios no está quitándonos algo bueno; está restaurando el orden correcto de nuestro corazón.


Considere hoy: ¿Estoy realmente buscando la voluntad de Dios, o solamente quiero que Dios apruebe la voluntad que yo ya decidí? Pídale al Señor que examine su corazón y le muestre cualquier cosa que esté ocupando el lugar que solamente Él debe tener.


Leer: Ezekiel 13-15; Proverbios 2; Escribir por mano Salmos 119:1-8

¿Qué tres hombres menciona Jehová como ejemplos de hombres justos en Ezequiel 14?