Fiel aun cuando duele
“Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de la ciudad de sangres, de la olla herrumbrosa cuya herrumbre está en ella, y cuya herrumbre no ha salido de ella! Por sus piezas, por sus piezas sácala, sin echar suertes sobre ella”.
Ezequiel 24:6
Ezequiel 24 comienza con una imagen extraña: una olla sobre el fuego. Dios le dice a Ezequiel que la llene de agua, coloque dentro las mejores piezas de carne y la haga hervir. Pero había un problema: la olla estaba herrumbrosa, y su escoria no podía ser quitada. Aquella olla representaba a Jerusalén. Durante años, Israel había acumulado pecado, idolatría y rebelión. Dios les había advertido una y otra vez, pero ellos no quisieron apartarse. La escoria se había acumulado hasta que llegó el momento del juicio. Qué advertencia tan seria: Dios es paciente, pero Su paciencia nunca debe confundirse con aprobación.
Pero en medio de este mensaje de juicio encontramos algo todavía más personal. Dios le dijo a Ezequiel que “el deleite de sus ojos” moriría. Su esposa moriría, y aun en medio de ese dolor Dios le pidió que continuara siendo un testimonio para el pueblo. Ezequiel obedeció. No encontramos una rebelión contra Dios ni un abandono de su llamado. Su corazón estaba siendo quebrantado, pero permaneció fiel a lo que Dios le había mandado hacer.
Aquí encontramos una verdad que necesitamos recordar: la fidelidad no se demuestra solamente cuando obedecer a Dios es fácil; se demuestra especialmente cuando obedecer duele. Ezequiel estaba sufriendo, pero su sufrimiento no lo llevó a alejarse de Dios. Continuó haciendo aquello que Dios le había llamado a hacer, aun cuando personalmente estaba atravesando uno de los momentos más dolorosos de su vida.
Todos vamos a atravesar tiempos difíciles. Habrá enfermedad, pérdidas, decepciones, puertas cerradas y momentos que no entendemos. Pero existe una diferencia enorme entre sufrir mientras caminamos fielmente con Dios y sufrir las consecuencias de haber insistido en nuestro propio pecado. Los dos caminos pueden tener dolor, pero ¡qué mejor es sufrir del lado de Dios que sufrir bajo Su disciplina por nuestra desobediencia!
Cuando sufrimos mientras obedecemos, podemos descansar en Su presencia, confiar en Su carácter y saber que nuestra conciencia está limpia delante de Él. Pero cuando la “escoria” del pecado se acumula en nuestra vida, podemos terminar sufriendo consecuencias que nosotros mismos hemos provocado.
Por eso, no permita que los tiempos difíciles sean una excusa para abandonar la fidelidad. Y tampoco permita que pequeños pecados permanezcan en su vida hasta convertirse en una acumulación que finalmente produzca consecuencias dolorosas. Quite la escoria mientras Dios le muestra dónde está. Obedezca cuando sea fácil y cuando sea difícil. Y cuando llegue una prueba que usted no escogió, permanezca fiel como Ezequiel. No siempre podemos escoger lo que nos sucede, pero sí podemos decidir de qué lado estaremos cuando suceda.
Quizá hoy esté atravesando un momento difícil que no entiende. Permanezca fiel. Dios no ha dejado de ser Dios porque usted esté sufriendo. Y si hay pecado que necesita confesar y abandonar, no espere. La mejor manera de enfrentar los tiempos difíciles es estar caminando con Dios antes de que lleguen.
Leer: Ezequiel 23-24, Proverbios 5 y escribir Salmo 119:25-28 al mano
¿Qué dos cosas hizo Ezequiel después de la muerte de su esposa?
