No será tan pronto
“El Espíritu me elevó, y me llevó por la puerta oriental de la casa de Jehová, la cual mira hacia el oriente; y he aquí a la entrada de la puerta veinticinco hombres, entre los cuales vi a Jaazanías hijo de Azur y a Pelatías hijo de Benaía, principales del pueblo. Y me dijo: Hijo de hombre, éstos son los hombres que maquinan perversidad, y dan en esta ciudad mal consejo; los cuales dicen: No será tan pronto; edifiquemos casas; ésta será la olla, y nosotros la carne".
Ezequiel 11:1-3
El Espíritu de Dios levantó a Ezequiel y lo llevó hasta la puerta oriental de la casa de Jehová. Allí el profeta vio a veinticinco hombres, líderes del pueblo. Entre ellos estaban Jaazanías y Pelatías. No eran desconocidos; eran principales, hombres con influencia. Entonces el Señor le dijo claramente a Su siervo quiénes eran realmente: “éstos son los hombres que maquinan perversidad, y dan en esta ciudad mal consejo.” Dios no se confundió con títulos ni con apariencias. Él los identificó por lo que hacían y por las palabras que sembraban.
El consejo que daban era peligroso precisamente porque sonaba razonable. Decían: “No será tan pronto”. En otras palabras, aseguraban que todavía había tiempo, que no había que preocuparse y que todo seguiría igual. Estaban del lado opuesto a los propósitos de Dios y, aun así, hablaban con confianza. Dios lo notó. Nada de aquello pasó desapercibido ante Sus ojos.
A veces usted observa a personas que caminan en dirección contraria a la Palabra de Dios y se pregunta por qué Él no hace algo. Se pregunta cómo pueden continuar sin consecuencias visibles. Es fácil pensar que algunos “se salen con la suya”. Este pasaje nos recuerda una verdad sobria: nadie se está saliendo con la suya. Dios ve. Dios nota. Pero también debemos recordar que la demora de Dios no significa que Él haya aprobado lo que está sucediendo.
El error de aquellos líderes sigue vivo hoy: creer que se puede persistir en el pecado o en la rebeldía porque todavía no han llegado las consecuencias. Pensar que hay tiempo de sobra es una trampa. Podemos confundir la paciencia de Dios con permiso para continuar. Podemos pensar: “Después cambiaré”, “Todavía tengo tiempo”, o “Si Dios no ha hecho nada, quizá no sea tan grave”. Pero la demora no es aprobación. El silencio de Dios no es permiso. La misericordia de Dios no significa que el pecado quedará sin consecuencias.
Dios no se ha dormido. Él no ha perdido de vista ni a los fieles ni a los rebeldes. Él conoce perfectamente lo que sucede y también conoce el momento en que actuará. Nosotros vemos solamente el presente; Dios ve el principio, el proceso y el final.
Por eso es necesario examinarse. ¿Hay algo en su vida que usted sabe que está en contra de la voluntad de Dios? ¿Ha comenzado a pensar que puede dejarlo para después porque todavía no ha sucedido nada? No espere a que las consecuencias le obliguen a reconocer lo que Dios ya le está mostrando.
Dios ve. Dios nota. Y mientras Él nos da tiempo, Su paciencia debe llevarnos al arrepentimiento, no a presumir de que tenemos más tiempo.
No confunda la demora de Dios con Su aprobación. Si Él le está mostrando algo que necesita cambiar, hoy es el momento de obedecer.
Leer: Ezequiel 9-12; Proverbios 1; Escribir por mano Salmos 119:97
Describir las ruedas de capítulo 10 en sus propias palabras.
