El trono sigue ocupado

“Y aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios”.

Ezequiel 1:1


Las primeras palabras del libro de Ezequiel nos colocan inmediatamente en un escenario difícil. Ezequiel estaba “en medio de los cautivos”. No estaba donde probablemente hubiera querido estar. Jerusalén estaba lejos, el pueblo había sido llevado cautivo y las circunstancias de su vida habían cambiado completamente. Sin embargo, mientras Ezequiel estaba en medio de los cautivos, algo extraordinario sucedió: “los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios”.


Ezequiel estaba en un lugar diferente, pero Dios seguía siendo el mismo. Las circunstancias habían cambiado, pero el trono de Dios no había cambiado. El pueblo estaba cautivo, pero Jehová seguía gobernando. Ezequiel estaba lejos de Jerusalén, pero nunca estuvo lejos de la presencia de Dios.


Cuando continuamos leyendo el capítulo, Ezequiel ve una visión impresionante de la gloria de Dios. En medio de criaturas, ruedas, fuego y resplandor, finalmente ve “la figura de un trono” y sobre aquel trono “una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él”. Dios estaba mostrando a Ezequiel una verdad que necesitaba recordar: el trono seguía ocupado.


Qué fácil es olvidar esta verdad cuando nuestras propias circunstancias cambian. Cuando recibimos una noticia que no esperábamos, cuando nuestros planes no salen como pensábamos, cuando alguien nos decepciona, cuando enfrentamos una enfermedad, una dificultad económica, un problema familiar o una incertidumbre sobre el futuro, podemos comenzar a mirar tanto nuestras circunstancias que dejamos de mirar a Dios.


Pero nuestras circunstancias nunca determinan quién es Dios. Él no cambia porque nuestra situación cambie. Él sigue siendo soberano cuando todo parece estar fuera de control. Sigue siendo bueno cuando no entendemos lo que está haciendo. Sigue siendo fiel cuando todavía no vemos la respuesta.


Y hay algo especialmente hermoso en este pasaje: Dios no esperó a sacar a Ezequiel del cautiverio para encontrarse con él. Dios se encontró con Ezequiel allí mismo, en medio de los cautivos. Quizá nosotros pensamos que necesitamos que Dios primero cambie nuestra situación para poder experimentar Su presencia, pero muchas veces Dios quiere encontrarse con nosotros precisamente en medio de aquello que estamos atravesando.


Tal vez hoy sus circunstancias han cambiado. Quizá está enfrentando algo que nunca imaginó y no sabe qué hará Dios después. Recuerde lo que Ezequiel vio: el trono sigue ocupado. Dios todavía está allí. Él sabe dónde usted está, conoce lo que está viviendo y no ha perdido el control.


No espere a que las circunstancias cambien para buscar a Dios. Búsquele hoy. Él todavía quiere encontrarse con usted, mostrarle Su gloria, enseñarle Su Palabra y guiarle en Su propósito. Quizá usted no pueda ver lo que Dios está haciendo, pero puede confiar en Aquel que está sentado sobre el trono.


Las circunstancias cambian. Los lugares cambian. Las personas cambian. Nuestros planes cambian. Pero Jehová no cambia. Y mientras Él siga en el trono, podemos confiar en que nuestra vida sigue estando en Sus manos.


Video de hoy: https://youtu.be/0PGx_begkgE


Leer: Ezequiel 1-4, Salmos 146-150 y Proverbios 30

¿Qué sabor tenía el rollo cuando Ezequiel lo comió?