Dios ve lo que nadie más ve
“Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto lo que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen ellos: Jehová no nos ve, Jehová ha abandonado la tierra”.
Ezequiel 8:12
Ezequiel estaba en cautiverio cuando Dios le mostró algo que estaba sucediendo en Jerusalén. Dios llevó a Ezequiel en visión al templo y allí comenzó a mostrarle las abominaciones que Su propio pueblo estaba practicando. Los líderes de Israel, hombres que debían conocer y obedecer a Dios, estaban haciendo cosas terribles mientras pensaban que nadie los veía.
En Ezequiel 8:12 encontramos una de las razones de su pecado: “Jehová no nos ve”. Habían llegado a pensar que podían esconderse de Dios. Estaban haciendo en secreto aquello que jamás harían delante de otras personas, convencidos de que sus cámaras privadas podían esconderlos de los ojos del Señor.
Pero Dios veía todo.
Y esta verdad no pertenece solamente a la historia de Israel. También necesitamos permitir que penetre profundamente en nuestra propia vida: Dios ve lo que nadie más ve, y lo que Él ve es serio.
Es posible que nadie conozca ciertas cosas que suceden en nuestro corazón. Nadie escucha todos nuestros pensamientos. Nadie sabe cada palabra que decimos cuando estamos solos, cada cosa que miramos, cada conversación que mantenemos en secreto o cada actitud que cuidadosamente escondemos delante de los demás. Podemos mantener una buena apariencia, asistir a la iglesia, servir en un ministerio y hablar correctamente, mientras permitimos que exista desobediencia escondida en nuestro interior.
Pero Dios ve.
Y no debemos confundir el hecho de que Dios no nos castigue inmediatamente con la idea de que nuestro pecado no tiene consecuencias. El pecado siempre tiene consecuencias. A veces las vemos rápidamente: una relación comienza a romperse, nuestra confianza se pierde, nuestra conciencia se endurece o nuestra comunión con Dios se enfría. Otras veces las consecuencias aparecen más adelante y terminan afectando mucho más de lo que imaginábamos.
Israel había permitido que el pecado entrara en lugares donde solamente Dios debía ser honrado. Lo que comenzó en secreto había llegado a ser una ofensa seria delante de un Dios santo. Y aunque ellos pensaban que Dios no veía, Él estaba viendo y juzgando.
Quizá hoy necesita dejar de pensar: “Nadie lo sabe”. La pregunta más importante no es si alguien más lo sabe. Dios lo sabe. Él ve detrás de la puerta cerrada, dentro del teléfono, en la conversación privada, en la intención del corazón y en aquello que usted cuidadosamente mantiene escondido.
No espere a que el pecado produzca consecuencias mayores para tomarlo en serio. Confiese aquello que Dios ya le ha mostrado. Abandone aquello que Él le está diciendo que está mal. No proteja un pecado solamente porque todavía nadie lo ha descubierto.
Dios ve lo que nadie más ve. Y precisamente porque Él lo ve, nunca debemos tratar la desobediencia como algo pequeño o sin importancia.
La buena noticia es que el Dios que ve también es un Dios misericordioso. Si hoy reconoce algo que necesita cambiar, no se esconda de Él. Corra hacia Él. Confiese, abandone y vuelva a caminar en obediencia.
Lo que está oculto para los hombres nunca está oculto para Dios. Y cuando Dios nos muestra nuestro pecado, Su propósito no es simplemente descubrirlo, sino llevarnos al arrepentimiento antes de que nos destruya.
Leer: Ezequiel 5-8 y Proverbios 31
¿Qué estaban haciendo las mujeres sentadas a la entrada de la puerta de la casa de Jehová?
