Sabrán que yo soy Jehová

“Haré, pues, juicios en Egipto, y sabrán que yo soy Jehová”.

Ezequiel 30:19


El Señor continúa anunciando juicios sobre las naciones que se opusieron a Israel y a Judá. Egipto, junto con Etiopía, Fut, Lud, Libia y sus aliados, confiaba en su poder, en sus ídolos y en la soberbia de su historia. Creían que sus dioses los sostendrían y que sus planes grandes no podrían ser detenidos. Sin embargo, Jehová declara que Él mismo ejecutará juicios en aquella tierra y que, al hacerlo, sabrán que Él es Jehová. El Dios de gracia y de misericordia es también el Dios de juicio. Su carácter no se divide: el mismo Señor que salva es el que confronta la idolatría, el orgullo y la oposición a Su pueblo.


Cuando aquellas naciones cayeron, sus dioses quedaron expuestos como inútiles. Los ídolos no pudieron sostener el brazo de Faraón, ni impedir que la espada llegara, ni preservar la soberbia de Egipto. Lo que el hombre llama poder se desmorona cuando el Dios verdadero se revela. A lo largo de la historia, gobiernos y pueblos han negado a Dios y Su poder, y han sido derribados cuando Él ha mostrado que es el Todopoderoso. Nadie puede cambiar Sus planes. El Señor no es un espectador de la historia; Él la dirige, y Su propósito se cumple aunque las naciones se resistan.


Se ha dicho con acierto: “No hay ateos en el campo de batalla”. En el momento de la calamidad, cuando los ídolos callan y los planes humanos se deshacen, muchos se ven obligados a reconocer que hay un Dios vivo. Egipto y sus aliados lo sabrían no por un sermón suave, sino por el juicio mismo. El versículo no deja duda: sabrán que Él es Jehová. Tarde o temprano, toda persona reconocerá quién es el único Dios verdadero. Unos lo harán por gracia, al rendirse a Cristo; otros lo harán cuando ya no quede otra opción. La diferencia es eterna.


Por eso importa elegir hoy a quién servirá usted. No espere al día en que los ídolos de este siglo —el poder, el dinero, la nación, el yo— queden en evidencia. El Dios que juzgó a Egipto es el mismo que ofrece misericordia ahora. Él no ha cambiado. Su poder no puede ser detenido y Su juicio no puede ser negociado. Sírvale mientras hay tiempo, no porque el miedo lo obligue, sino porque Él es digno. Quien se humilla delante de Jehová hoy no tendrá que ser quebrantado mañana para descubrir que solo Él es Dios.


Leer: Ezequiel 28-30, Proverbios 8 y escribir al mano Salmos 119:33-40

En Ezequiel 28:11-19, ¿a quien refería en la profecía?