Que nuestra vida sea un canto
“Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos”.
Ezequiel 22:26
Natalie creció en un hogar cristiano donde la música ocupaba un lugar muy especial. Su padre, Doug, de quien aprendimos la semana pasada, es músico y pianista. Desde pequeña, Natalie y sus tres hermanos recibieron formación musical. Sus padres los animaron a estudiar piano y otros instrumentos, desarrollando habilidades que con el tiempo se convertirían en herramientas para servir al Señor.
Natalie comenzó sus clases formales de piano a los cuatro años y recibió una sólida formación clásica durante su niñez y adolescencia. Aunque llegó a participar en competencias y presentaciones de música clásica, descubrió que su verdadera pasión estaba en utilizar el piano para la música de la iglesia. Desde joven también aprendió a tocar de oído y a acompañar cantos e himnos.
Con los años, Natalie se ha convertido en pianista, compositora, arreglista y maestra de música. Ha escrito canciones, producido música y desarrollado numerosos cursos para ayudar a pianistas que desean servir en sus iglesias. Entre sus composiciones se encuentra “Necesitamos la Igleisa", uno de nuestros cantos congregacionales favoritos. Actualmente, junto con su esposo, Josh, produce cursos y tutoriales, comparte sesiones en vivo de himnos y publica música y partituras. También ofrece lecciones individuales y recursos para músicos de iglesia alrededor del mundo.
Natalie y Josh tienen dos hijos y continúan sirviendo al Señor mediante la música. Ella considera la música un regalo de Dios y desea devolvérselo utilizándolo para Su gloria. Su vida nos recuerda que los talentos que Dios nos da deben ser desarrollados con excelencia y puestos al servicio de Cristo para animar a otros y preparar sus corazones para escuchar Su Palabra.
Sin embargo, hay algo todavía más importante que el talento. Ezequiel 22:26 dice acerca de los sacerdotes: “Entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia”. Tenían una posición espiritual, pero sus vidas no reflejaban la santidad de Dios. Esto nos recuerda que no es suficiente hacer cosas para Dios si nuestra vida no está siendo entregada a Dios. Podemos cantar, tocar, enseñar o servir en la iglesia, pero Dios también mira cómo vivimos cuando nadie nos está escuchando.
La música verdaderamente cristiana debe formar parte de una vida verdaderamente cristiana. Nuestro talento puede impresionar a las personas, pero una vida rendida a Cristo honra al Señor. Desarrollemos las habilidades que Dios nos ha dado y usémoslas con excelencia, pero nunca permitamos que el talento sustituya la obediencia. Que nuestra música, nuestro servicio, nuestras palabras y toda nuestra vida digan lo mismo: Cristo es digno de recibir lo mejor que tenemos.
Ezequiel 21-22, Proverbios 5 y escribir al mano Salmos 119:17-24
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