La elección entre bendición y maldición

“He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy; y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no conocisteis”.

Deuteronomio 11:26-28



Dios presenta una elección clara y directa: la bendición por obedecer Sus mandamientos de manera completa, o la maldición por apartarse del camino que Él ha trazado. La obediencia que agrada al Señor no es parcial ni selectiva; debe ser total, de corazón y sin reservas. Cuando obedecemos plenamente, experimentamos Su protección, provisión y victoria. Cuando permitimos excepciones —aunque parezcan pequeñas—, abrimos la puerta a consecuencias que el enemigo aprovecha para robar, matar y destruir. Hoy, al igual que a Israel, el Señor pone delante de usted esta misma decisión: ¿elegirá la bendición mediante una obediencia completa?


En octubre de 1918, durante la ofensiva en el Bosque de Argonne (Francia), el sargento Alvin C. York —un cristiano devoto que inicialmente había sido objetor de conciencia por sus convicciones bíblicas— enfrentó una prueba extrema. York había luchado internamente con el mandamiento “No matarás”, pero tras oración y estudio de la Escritura, llegó a la conclusión de que obedecer a Dios incluía obedecer a las autoridades legítimas (Romanos 13). Decidió servir completamente.


Su unidad quedó atrapada bajo fuego intenso de más de treinta ametralladoras alemanas. La mayoría de sus compañeros cayeron. York recibió la orden de flanquear al enemigo. En lugar de retroceder o improvisar, obedeció completamente y sin dudar. Usando sus habilidades de cazador y su fe inquebrantable, avanzó solo, silenció ametralladoras, eliminó amenazas directas y, finalmente, convenció a un oficial alemán de rendirse. Capturó ciento treinta y dos prisioneros, neutralizó numerosas armas y salvó a su batallón de la destrucción total. Nunca recibió ni un rasguño.


York siempre atribuyó la victoria a Dios: “No fui yo; fue el Señor quien lo hizo porque obedecí”. Su obediencia total trajo bendición extraordinaria: salvó vidas, contribuyó al avance aliado y recibió la Medalla de Honor del Congreso. Si hubiera obedecido a medias o desobedecido por completo, el resultado habría sido desastroso.


La historia de Alvin York ilustra vividamente Deuteronomio 11: la obediencia completa abre las puertas a la bendición y a la victoria divina; la desobediencia parcial invita a la maldición y al fracaso. En la batalla espiritual diaria, Dios no busca obediencia a medias. Busca hijos que digan “sí, Señor” sin condiciones, en el matrimonio, en la integridad, en el tiempo devocional, en las finanzas, en el perdón y en cada área. La bendición está al alcance de su mano… depende únicamente de su obediencia total.


Identifique hoy una sola área donde ha sido obediente “a medias” o ha pospuesto la obediencia completa. Tome una acción concreta e inmediata para corregirlo: ore por fuerza y haga lo que Dios le ha dicho sin excusas. Anote qué área es y qué acción tomó, y compártala con alguien de confianza para que le acompañe en oración y rendición de cuentas.


Leer: Deuteronomio 11-13; Salmo 81; Proverbios 3

¿Que tendrían que hacer con los lugares donde otros adoraron a dioses falsos?