No olvides a Jehová su Dios en la prosperidad
“Cuídese de no olvidarse de Jehová su Dios, para cumplir Sus mandamientos, Sus decretos y Sus estatutos que yo le ordeno hoy”.
Deuteronomio 8:11
Esta advertencia no es genérica ni vaga. Moisés habla con urgencia porque conoce el corazón humano: cuando Jehová cumple Su promesa y llega la prosperidad, el peligro se multiplica. Usted come y se sacia, edifica buenas casas y habita en ellas, sus vacas y ovejas se multiplican, la plata y el oro se le aumentan, y todo lo que posee crece (Deuteronomio 8:12-13). Precisamente en ese momento de abundancia, el corazón se enorgullece y uno piensa en secreto: “Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza”. (Deuteronomio 8:17)
¡Qué engaño tan sutil y mortal! Es tan fácil volverse cómodo con lo que se tiene, olvidar las noches de clamor y las pruebas del desierto grande y espantoso, donde hubo sed y hambre, serpientes ardientes y escorpiones, donde Jehová le sustentó con maná que no conocía ni sus padres conocían (Deuteronomio 8:14-16). La memoria de lo duro que fue llegar hasta aquí se borra poco a poco, y surge la tentación de atribuir el éxito al propio esfuerzo, al ingenio personal, al trabajo incansable.
Sin embargo, la Palabra corrige con claridad y firmeza: todo bien viene de arriba. Jehová es quien Le da a usted el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar Su pacto que juró a sus padres (Deuteronomio 8:18). Usted necesita a Dios al 100%, no solo en los tiempos de escasez y clamor, sino también en los tiempos de abundancia y satisfacción. Jehová es el Dios de los tiempos duros —cuando Le sacó de Egipto, de la casa de servidumbre, y Le guió por el desierto— y también es el Dios de los tiempos buenos, donde la bendición fluye. Por eso, debe ser agradecido en cada etapa de la vida: en la prueba alabando por Su fidelidad, en la prosperidad reconociendo Su soberanía.
Nunca olvide de dónde Jehová le sacó: del desierto, de la necesidad, de lo imposible. Todo lo que usted posee Le pertenece a Él; usted solo es mayordomo de lo que el Señor le confía.
Hoy, examine su corazón con honestidad: ¿Está atribuyendo su posición actual, su casa, su provisión, su salud o su ministerio a la fuerza de su propia mano? ¿O reconoce humildemente que sin Jehová nada es ni nada tiene? Esta autoevaluación constante le guardará de la soberbia y le mantendrá dependiente de Aquel que todo lo da.
Leer: Deuteronomio 8-10; Salmos 79-80; Proverbios 2
Según el versículo, ¿con cuántas personas entraron en Egipto y crecieron a cuántas?
