Elevarse por encima del cuidado de Dios

“Por tanto, así dijo Jehová el Señor: Ya que por ser encumbrado en altura, y haber levantado su cumbre entre densas ramas, su corazón se elevó con su altura, yo lo entregaré en manos del poderoso de las naciones, que de cierto le tratará según su maldad. Yo lo he desechado”.

Ezequiel 31:10-11


Cuando Dios pronunció sentencia sobre Egipto, parte de aquel veredicto resulta inquietante de considerar. Aquel pueblo no cayó por hallarse en lo más bajo, sino porque había llegado a un nivel alto. Se veían en una posición envidiable. Se sentían encumbrados. Habían levantado su cumbre entre densas ramas y el corazón se les elevó con aquella altura. En su propia estima estaban subiendo en el mundo. En la estimación de Dios estaban saliendo de Su cuidado.


Eso es lo terrible de cierta clase de prosperidad. El árbol no advierte que, mientras crece hacia las nubes, su corazón se endurece. Egipto contemplaba su grandeza y concluía que estaba a salvo. Dios contemplaba la misma grandeza y declaraba que lo había desechado. Ellos se movían hacia arriba ante los ojos de las naciones y, al mismo tiempo, se movían fuera de la gracia de Dios. Salieron de Su cuidado, pero nunca se elevaron por encima de Su poder. Nadie lo hace. El Altísimo permanece en control. Él tiene la última palabra. Él concede cierta libertad para decidir y para recoger las consecuencias de esas decisiones, pero cuando llega el momento decisivo, Dios sigue siendo soberano. Quienes se levantan contra Él no escapan de Su mano; tarde o temprano se encuentran con el poderoso que Él envía.


Hoy muchos persiguen con intensidad sus sueños, sus carreras y el crecimiento de sus cuentas de ahorro. Trabajan con tesón para subir en el mundo. El peligro no está solamente en el fracaso. El peligro está también en el éxito que se toma como prueba de que ya no se necesita depender. Se puede avanzar en prestigio y, al mismo tiempo, alejarse del cuidado de Dios. Se puede ganar terreno delante de los hombres y perder terreno delante de Él. Nunca, sin embargo, se llega más alto que Su poder. Él no deja de gobernar porque alguien se sienta independiente. La verdadera satisfacción no se halla en el nivel que uno alcance, sino en seguir el plan de Dios y dejar que Él decida qué clase de vida, de ganancia y de lugar le corresponde a usted en este mundo.


Vuelva al mismo lugar de siempre, pero póngalo primero. Regrese al Señor antes de seguir subiendo. Examine si su corazón se ha elevado con su altura. Pida que Él vuelva a ser su cuidado y no solamente su recurso de emergencia. Luego deje que Él trabaje los detalles. No intente elevarse por encima de Su cuidado. Permanezca bajo Él. Allí, y no en la copa del árbol, se encuentra la vida que vale.


Leer: Ezequiel 31-33, Proverbios 9 y escribir Salmos 119:41-48

Ezequiel 32:1 da una cronología específica. ¿A qué se refiere esa fecha y cuál fue la fecha?