Dios siempre se revela
“Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos. Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice Jehová el Señor”.
Ezequiel 39:28-29
A lo largo de la historia, Dios se ha dado a conocer a la humanidad. Su existencia y Su poder no dependen de que el ser humano quiera reconocerlos; Dios sigue siendo Dios aunque el hombre lo niegue. En Ezequiel 39:28-29 vemos nuevamente esta realidad. Dios permite que Israel pase por el cautiverio, pero después lo reúne, lo restaura y derrama sobre él Su Espíritu. Y el resultado de todo esto es: “Y sabrán que yo soy Jehová su Dios”.
Dios tiene muchas maneras de revelarse. Lo hace mediante Su creación, Su Palabra, Sus obras y también mediante la manera en que trata con Su pueblo. Israel podía atravesar el cautiverio y preguntarse qué estaba sucediendo, pero al final tendría que reconocer que Dios había estado obrando. Él había permitido el cautiverio, había determinado el tiempo de la aflicción y también había establecido el momento de la restauración. Nada estaba fuera de Su control.
Esto nos enseña que los tiempos difíciles no significan que Dios haya perdido el control. Cuando atravesamos dificultades, nuestra primera pregunta muchas veces es: “¿Cuándo terminará esto?” Pero también podemos preguntarnos: “¿Qué me está mostrando Dios acerca de Él?” Quizá estamos aprendiendo que Él es fiel, que puede sostenernos, que Su sabiduría es mayor que la nuestra o que podemos confiar en Él aun cuando no comprendemos lo que está haciendo. No siempre podremos explicar nuestras circunstancias, pero sí podemos conocer mejor al Dios que permanece con nosotros en medio de ellas.
El Señor también dice: “Ni esconderé más de ellos mi rostro”. Esto nos recuerda que nuestra mayor necesidad no es simplemente que cambien nuestras circunstancias, sino disfrutar de la presencia de Dios. Podemos tener problemas que todavía no se han solucionado y, aun así, experimentar que Dios está con nosotros. Por eso, cuando algo se desordene en nuestra vida, no debemos alejarnos de Él. Debemos buscar Su rostro, confesar nuestros pecados cuando sea necesario y permitir que Él ordene nuestro interior.
Y aquí encontramos algo todavía más profundo: Dios no solamente promete reunir a Su pueblo, sino que dice: “habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel”. La restauración que Dios hace no es únicamente externa. Él quiere hacer una obra en el corazón. No solamente quiere cambiar circunstancias; quiere transformar vidas.
Por eso podemos acercarnos al Señor y decirle: “Señor, no solamente cambia lo que está a mi alrededor; cambia lo que está dentro de mí”. Cuando Dios transforma nuestro interior, comenzamos a pensar diferente, responder diferente, confiar diferente y vivir de una manera que demuestra que Él realmente está obrando en nosotros.
Quizá hoy está viviendo una situación que no comprende. No sabe por qué Dios ha permitido determinado proceso ni cuánto tiempo durará. Pero puede recordar esta verdad: su situación no está fuera del gobierno de Dios. No necesitamos entender cada cosa que Él permite para saber quién es Él. Cuando algo se desordene, busquemos Su rostro. Cuando necesitemos corrección, aceptémosla. Cuando Él obre, reconozcamos Su mano y démosle la gloria.
Porque al final, la historia no termina con el cautiverio, ni con la dispersión, ni con la dificultad. La historia termina con una revelación: “Y sabrán que yo soy Jehová su Dios”.
Dios se revela. Dios actúa. Dios restaura. Dios transforma. Y mediante todo ello demuestra quién es Él. No siempre podemos entender lo que Dios está haciendo, pero siempre podemos recordar quién es Dios.
Leer: Ezequiel 37-39, Proverbios 11 y escribir Salmos 119:57-64, Lucas 10:38-42 y Santiago 1:25
Según la lectura, ¿qué le pasaría a Gog cuando el pueblo de Israel esté seguro y establecido?
