En la mesa con el Dador de vida

"Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza".

Marcos 14:3


Al leer Marcos 14 junto con Juan 12, descubrimos una escena llena de nombres conocidos. Jesús se encuentra en Betania, en la casa de Simón el leproso, sentado a la mesa. Lázaro está allí, uno de los que comen con Él. Marta sirve. María toma el perfume de nardo puro de mucho precio, unge a Jesús y la casa se llena del olor. El relato parece sencillo, pero encierra un contraste que no debemos pasar por alto. Personas que habían experimentado la muerte y la exclusión están ahora reunidas alrededor de la misma mesa con el Señor.


Lo más sorprendente es la presencia de Simón. La ley exigía que el leproso viviera fuera del campamento y evitara todo contacto con los demás, pues la lepra era una sentencia de muerte. Sin embargo, aquí todos comen en su casa, con él. La Biblia no narra el momento exacto de su sanidad, pero el hecho es claro: Simón ya no está aislado. Alguien lo ha limpiado. Jesús, el Dador de Vida, se sienta a la mesa de un hombre que había sido condenado por una enfermedad incurable, y lo hace junto a Lázaro, quien había estado muerto cuatro días y a quien Él mismo llamó del sepulcro. En esa casa se reúnen dos milagros que solo Él puede realizar: vida donde había muerte y limpieza donde había impureza.


Mientras tanto, Judas calcula el precio del perfume y lo llama desperdicio. Ve el costo, pero no ve lo que está ocurriendo. El Dador de Vida está presente, y la mesa se ha convertido en testimonio de Su poder sobre la muerte y la enfermedad. Es fácil leer un versículo como Marcos 14:3 y no percibir el peso de la historia. También es fácil observar cómo Dios obra en los detalles de la vida cotidiana y no reconocer la magnitud de lo que Él está haciendo. Jesús no es un visitante ocasional. Él es el Señor que se interesa por cada aspecto de Su vida y desea ocupar el lugar que le corresponde como Maestro y Señor.


Permita que Él ocupe ese lugar hoy. No se limite a observar Sus obras desde lejos. Reconozca que el mismo que devolvió a Lázaro a la vida y limpió a Simón está presente en los detalles de Su jornada. Disfrute lo que Él está haciendo ahora. La mesa sigue abierta, y Él sigue siendo el Dador de vida.


Leer: Marcos 14, Proverbios 21 y Salmos 61-63

Pregunta: ¿Quién fue el primer pecador de experimentar Jesús muriendo en su lugar?