Los afanes de este siglo

“Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa".

Marcos 4:19


En la parábola del sembrador, Jesús nos enseña que no basta con recibir la Palabra de Dios; debemos cuidar nuestro corazón para que produzca fruto. En este versículo, describe una semilla que cae entre espinos. Aunque tiene vida y puede crecer, los espinos terminan ahogándola. Así también podemos escuchar la Palabra, conocer Sus promesas y permitir que otras cosas ocupen tanto espacio en nuestro corazón que dejemos de vivir conforme a Su verdad.


Jesús menciona primero los afanes de este siglo. Muchas preocupaciones nacen de responsabilidades legítimas: la familia, el trabajo, las necesidades económicas y el futuro. Sin embargo, cuando dominan nuestros pensamientos, podemos vivir con temor y olvidar que Dios nos invita a llevar nuestras cargas delante de Él. No debemos ignorar nuestras responsabilidades, sino cumplirlas confiando en que no tenemos que enfrentarlas solos.


Después, Jesús habla del engaño de las riquezas. El dinero promete seguridad y satisfacción, pero ninguna cantidad puede garantizarnos una vida sin dificultades ni llenar las necesidades más profundas del alma. Es legítimo trabajar y procurar el bienestar de nuestra familia, pero debemos tener cuidado de no colocar nuestra esperanza en lo material. Nuestra paz no debe depender de cuánto tenemos, sino de Aquel en quien confiamos.


Finalmente, Jesús menciona las codicias de otras cosas. Podemos desear alcanzar metas, mejorar nuestra situación o disfrutar de ciertas comodidades. El problema comienza cuando esos deseos gobiernan nuestras decisiones y nos hacen descuidar nuestra comunión con Dios, nuestra familia y nuestra obediencia. A veces estamos tan concentrados en lo que nos falta que olvidamos agradecer por lo que el Señor ya nos ha dado.


Los espinos tienen algo en común: ocupan el espacio que la semilla necesita. De igual manera, las preocupaciones, el amor al dinero y los deseos desordenados pueden desplazar a Dios sin que nos demos cuenta. Por eso, debemos preguntarnos: ¿está Su Palabra guiando mis decisiones o solamente la escucho mientras sigo viviendo según mis temores y deseos?


No tenemos que conformarnos con una vida espiritual sin fruto. Podemos acudir al Señor, reconocer aquello que está ocupando demasiado espacio en nuestro corazón y pedirle que nos ayude a corregir nuestras prioridades. Aunque no siempre podamos controlar nuestras circunstancias, sí podemos aprender a enfrentarlas con fe y obediencia.


La semilla de la Palabra necesita un corazón dispuesto a recibirla y obedecerla. Pidámosle a Dios que nos ayude a quitar los espinos que ahogan nuestro crecimiento espiritual, para que Su verdad no sea solamente algo que escuchamos, sino aquello por lo cual vivimos.


Leer: Marcos 4-5, Proverbios 16 y Salmos 46-48.

Pregunta: ¿Por qué compara Jesús el reino de Dios con una semilla de mostaza?