El día viene
"Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis".
Mateo 24:44
En el año 2002, durante los Juegos Olímpicos de Invierno en Salt Lake City, el patinador australiano Steven Bradbury se encontraba en la final de los 1000 metros de patinaje de velocidad en pista corta. Había entrenado cinco horas al día, seis días a la semana, durante catorce años. Había sufrido dos lesiones que casi terminaron con su carrera y con su vida: en una ocasión la cuchilla de otro patinador le cortó el muslo y requirió más de cien puntos, y años después se fracturó el cuello en un entrenamiento. Los médicos le dijeron que no volvería a patinar. Sin embargo, se recuperó, volvió al hielo y se mantuvo preparado. En aquella final, mientras los cuatro favoritos competían agresivamente por el primer lugar, chocaron y cayeron en la última curva. Bradbury, que venía en último lugar y había adoptado una estrategia de espera, esquivó el accidente y cruzó la meta primero. Se convirtió en el primer atleta del hemisferio sur en ganar una medalla de oro olímpica de invierno. Después de la carrera confesó que aceptaría la medalla, pero no por los noventa segundos de aquella competencia, sino por los catorce años de preparación que lo habían puesto en posición de aprovechar el momento cuando llegó de manera inesperada.
Jesús, al hablar con Sus discípulos sobre los acontecimientos que precederían a Su regreso, mencionó guerras, hambres, terremotos, engaños y persecuciones. Muchas de estas cosas han sido constantes a lo largo de toda la historia de la humanidad. No obstante, también señaló señales específicas que aún no se han cumplido en su plenitud, lo cual deja claro que todavía no estamos viviendo en el período final que Él describió. Cada día que pasa nos acerca más al momento en que veremos al Salvador. La pregunta es por qué algunos viven como si todavía hubiera mucho tiempo antes de que Jesús regrese por Su iglesia. La Escritura no nos llama a calcular fechas, sino a estar preparados en todo momento.
La preparación no consiste en un esfuerzo de última hora, sino en una fidelidad constante en las responsabilidades cotidianas, en la santidad personal y en el servicio a otros. Así como Bradbury no sabía cuándo llegaría su oportunidad, pero se mantuvo listo mediante el entrenamiento diario, el creyente no conoce el día ni la hora en que el Señor vendrá, pero puede decidir vivir cada jornada como si fuera la última. Esa decisión, sostenida día tras día, produce una vida caracterizada por la vigilancia, el amor práctico y la obediencia.
Un día, todos los que han puesto su fe en Cristo se presentarán ante Él. El deseo de todo verdadero siervo es escuchar de Sus labios las palabras: “Bien, buen siervo y fiel”. Esa aprobación no se gana en un solo momento de triunfo, sino mediante la fidelidad sostenida a lo largo de toda la vida. Por tanto, que cada uno examine hoy si está viviendo con la misma preparación que esperaría tener el día en que el Hijo del Hombre venga a la hora que no pensamos.
Leer: Mateo 24-25, Proverbios 12 y Salmos 34-36
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