Lejos de Mí
“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.
Mateo 15:8-9
Hay una realidad que puede ser difícil de reconocer: podemos estar cerca de las cosas de Dios y, al mismo tiempo, tener el corazón lejos de Él. Podemos orar, cantar, leer la Biblia, hablar de Dios y participar en actividades espirituales, pero Jesús nos muestra que ninguna de estas cosas sustituye un corazón verdaderamente entregado a Él. Los labios pueden decir “Señor”, mientras el corazón sigue aferrado a sus propios deseos, temores, prioridades o maneras de hacer las cosas.
Estas palabras de Jesús no fueron dirigidas a personas que no conocían nada acerca de Dios. Fueron dirigidas a personas religiosas que conocían las Escrituras y tenían prácticas espirituales. Precisamente por eso Sus palabras son una exhortación tan seria para nosotros: no basta con parecer cerca de Dios; debemos estar cerca de Él de corazón. Dios no está interesado solamente en lo que hacemos delante de los demás. Él mira lo que sucede cuando nadie nos observa. Mira nuestras intenciones, nuestros pensamientos, nuestras decisiones y aquello que ocupa el primer lugar en nuestro corazón.
A veces podemos acostumbrarnos tanto a lo espiritual que dejamos de experimentar una relación viva con Dios. Podemos conocer versículos, pero no dejarnos transformar por ellos. Podemos hablar de oración, pero dejar de buscar a Dios en secreto. Podemos cantar acerca de rendirnos a Él, mientras seguimos intentando controlar nuestra vida por nuestros propios medios. Entonces debemos preguntarnos: ¿Mi relación con Dios se ha convertido en una rutina? ¿Estoy haciendo cosas para Él, pero dejando de buscarlo a Él? ¿Mi obediencia nace del amor o solamente de la costumbre?
Jesús también advierte acerca de “mandamientos de hombres”. Esto nos enseña que debemos tener cuidado de no reemplazar la Palabra de Dios por costumbres, opiniones o tradiciones humanas. No todo lo que se presenta como espiritual necesariamente refleja el corazón de Dios. Por eso necesitamos permanecer cerca de Su Palabra y permitir que ella examine nuestra vida.
Aunque esta verdad puede confrontarnos, también es profundamente esperanzadora. Si Dios nos muestra que nuestro corazón se ha enfriado, no lo hace para destruirnos, sino para llamarnos nuevamente hacia Él. Si hoy reconoces que te has alejado, todavía puedes acercarte. Si tu fe se ha convertido en rutina, puedes volver a buscar a Dios con un corazón sincero. Si has estado intentando mantener una apariencia mientras por dentro estás cansado, confundido o distante, puedes presentarte delante de Él tal como estás. Dios no necesita que finjamos estar bien. Él desea verdad en lo íntimo.
La exhortación de Jesús es seria: no vivamos una fe solamente de labios. Pero también hay ánimo en saber que Dios sigue llamando nuestro corazón. Él no solamente señala nuestra distancia; nos invita a acercarnos nuevamente. Que nuestra oración no sea solamente: “Señor, ayúdame a hacer más cosas para Ti”, sino también: “Señor, acerca mi corazón a Ti”. Porque al final, Dios no busca únicamente nuestras manos ocupadas en Su obra; busca nuestro corazón rendido a Él.
Hoy podemos detenernos y preguntarnos sinceramente: ¿Estoy cerca de Dios o solamente cerca de las cosas de Dios?Que nuestra respuesta no esté basada en lo que queremos aparentar, sino en la verdad delante de Él. Y si descubrimos que nuestro corazón se ha alejado, no huyamos de Su presencia. Volvamos a Él. No se trata solamente de cuánto hablamos de Dios, sino de cuánto espacio le hemos permitido ocupar en nuestro corazón.
Leer: Mateo 15-17, Proverbios 8 y Salmos 22-24
Pregunta: Según Mateo 17:7, ¿qué hizo Jesús cuando vio a Sus discípulos atemorizados, y qué les dijo? ¿Qué podemos aprender de la manera en que Jesús respondió a ellos?
