La hora de cansancio
“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil". Mateo 26:41
En el huerto de Getsemaní, Jesús dio a Sus discípulos una instrucción que parecía sencilla, sin embargo, cuando Él regresó la primera vez, los halló durmiendo. La orden de vigilar y orar era clara, pero cumplirla resultó mucho más difícil de lo que ellos imaginaron. El cuerpo pesaba, el cansancio dominaba y la carne demostró su debilidad una y otra vez.
Jesús expresó con urgencia la importancia de permanecer alerta y prepararse en oración. Él sabía lo que se acercaba: la traición, el arresto y la cruz. Los discípulos, en cambio, no comprendían la magnitud de aquella noche. No se daban cuenta de que aquella era la última actividad juntos con Jesús antes de que Él fuera crucificado. Pensaban que habría más tiempo, más oportunidades, más momentos para estar cerca de Él. La realidad era otra: la hora ya había llegado.
Esa misma tentación de creer que “siempre habrá más tiempo” nos alcanza hoy. Posponemos la oración, dejamos para mañana la vigilancia espiritual y asumimos que podemos acercarnos a Jesús más adelante. Pero la verdad es que no sabemos lo que traerá este día ni el de mañana. El enemigo no avisa. Las batallas espirituales llegan sin previo aviso, y quien duerme cuando debería estar velando se expone a consecuencias que no puede imaginar.
En 1987, el ferry británico Herald of Free Enterprise zarpó del puerto de Zeebrugge con las puertas de proa abiertas. El asistente de contramaestre, Mark Stanley, tenía la responsabilidad de cerrarlas. Sin embargo, después de un breve descanso se quedó dormido en su camarote y no oyó la llamada para presentarse a su puesto. El barco salió al mar con una abertura enorme. En cuestión de minutos el agua entró, el ferry volcó y 193 personas perdieron la vida. Stanley despertó cuando la nave se inclinó bruscamente y luego ayudó a rescatar pasajeros, pero el daño ya estaba hecho. Una sola falla en la vigilancia, provocada por el sueño, desencadenó una tragedia irreversible.
La carne es débil. El espíritu puede estar dispuesto, pero sin vigilancia y oración constante caemos en la trampa de la negligencia espiritual. Los discípulos durmieron en el momento más crítico. Stanley durmió cuando su deber exigía estar despierto. Ambos casos muestran que el costo de no velar puede ser alto, tanto en lo natural como en lo espiritual. No sabemos cuándo llegará la prueba, la tentación o la oportunidad de servir a otros. Por eso Jesús no dijo “velad cuando puedan” ni “orad si les queda tiempo”. Él dijo “velad y orad”.
Tome el tiempo hoy para orar y mantenerse vigilante. Prepárese para las batallas espirituales que se avecinan. No deje para mañana lo que Su Señor le pide ahora. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil; solo la oración constante y la vigilancia fiel le darán la fuerza que necesita para permanecer firme cuando llegue la hora.
Leer: Mateo 26, Proverbios 13 y Salmos 37-39
Pregunta: ¿Cómo respondió Jesús cuando los discípulos mencionaron que era mejor vender el aceite y regalar el dinero a los pobres?
