Nuevo en odres

“Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar”.

Marcos 2:21-22


Jesús utilizó estas dos ilustraciones para enseñar que Su venida traía algo nuevo que no podía simplemente añadirse a las antiguas tradiciones religiosas. Cuando algunos cuestionaron por qué Sus discípulos no ayunaban como otros grupos religiosos, Jesús les mostró que Su presencia marcaba un momento nuevo en el cumplimiento del plan de Dios.


Esta enseñanza también nos invita a examinar nuestro corazón. Muchas veces deseamos cambios en nuestra vida, pero queremos conservar las mismas actitudes y hábitos que nos impiden crecer espiritualmente. Queremos paz, pero nos aferramos al resentimiento; queremos relaciones restauradas, pero no reconocemos nuestros errores; queremos conocer más a Dios, pero confiamos más en nuestro criterio que en Su Palabra.


Los cambios superficiales no pueden sustituir la transformación profunda que necesitamos. Podemos modificar nuestras palabras y costumbres, pero si nuestro corazón sigue dominado por el orgullo, la amargura o la desobediencia, esas actitudes volverán a manifestarse.


Sin embargo, Dios no rechaza a quienes necesitan restauración. ¡Él es poderoso para transformarnos! Ezequiel 36:26 declara: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros”. Dios no solamente nos muestra lo que está mal; también nos llama al arrepentimiento y nos enseña a vivir de una manera que Le agrade.


Por eso, debemos preguntarnos si tenemos un corazón enseñable. Un corazón dispuesto a ser transformado no es uno que nunca se equivoca, sino uno que acepta la corrección de Dios, reconoce sus faltas y está dispuesto a obedecer. Quizá necesitemos pedir perdón, abandonar una práctica pecaminosa o dejar de justificar una actitud que desagrada al Señor. Aunque cambiar resulte incómodo, la obediencia es más importante que conservar nuestro orgullo.


Romanos 12:2 nos exhorta a ser transformados mediante la renovación de nuestro entendimiento. No debemos esperar que Dios confirme todo lo que pensamos; debemos permitir que Su Palabra corrija nuestra manera de pensar. No cambiamos la verdad de Dios para adaptarla a nuestra vida; permitimos que nuestra vida sea moldeada por Su verdad.


Quizá hoy esté orando por un cambio en su familia, su carácter o alguna circunstancia difícil. No se limite a pedirle al Señor que cambie lo que sucede a su alrededor; pídale también que examine lo que sucede dentro de usted. Acérquese a Él con humildad, confíe en Su gracia y permita que continúe formando en usted el carácter de Cristo.


La vida cristiana no consiste en añadir a Jesús a nuestros propios planes, sino en aprender a seguirlo, aun cuando debamos corregir nuestros caminos. Seguimos Su plan, no el nuestro.


Video de hoy: https://youtu.be/ozaOkTR6QE4


Leer: Marcos 1-3, Proverbios 15, Salmos 43-45

Pregunta: ¿Qué diferentes respuestas de las personas sanadas puede identificar en la lectura de estos tres capítulos? Anótelas.