¡Temor y gran gozo!

“Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos”.

Mateo 28:8


Imagine la escena. Apenas comienza a amanecer, y unas mujeres se acercan al sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Jesús. Llevan consigo el dolor de la muerte, las preguntas de lo sucedido y la incertidumbre de lo que harán ahora. Pero al llegar, encuentran algo que jamás habrían imaginado: un gran terremoto, un ángel que desciende del cielo, la piedra removida y el sepulcro abierto. El ángel les anuncia la noticia que cambiaría para siempre la historia: ¡Jesús ha resucitado!


En medio de aquella escena extraordinaria, el ángel les da tres mandatos que también pueden animar nuestro corazón: no teman, vengan y vayan.


Primero, les dice: “No temáis vosotras”. Había razones para sentir temor. Lo que estaban presenciando era sobrenatural y asombroso. Pero el ángel les asegura que no tienen que vivir dominadas por el miedo. Jesús no estaba allí; había resucitado, tal como lo había dicho. ¡Dios había obrado aun cuando ellas todavía no comprendían todo lo que estaba sucediendo! Nosotros también enfrentamos momentos en los que no sabemos qué hará Dios ni cómo resolverá nuestras circunstancias. Pero no necesitamos vivir dominados por el temor. El sepulcro vacío nos recuerda que Dios puede obrar de maneras que jamás imaginamos y que Su poder es mayor que aquello que nos asusta.


Después, el ángel les dice: “Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor”. No debían quedarse solamente escuchando el anuncio; podían acercarse y ver la evidencia. ¡El lugar donde habían puesto a Jesús estaba vacío! La muerte no había tenido la última palabra. Su resurrección era una realidad, y ellas podían contemplar lo que Dios había hecho. Hay momentos en que necesitamos detenernos y recordar las obras de Dios, mirar Su fidelidad en Su Palabra y reconocer cómo ha obrado en nuestras vidas. No siempre comprenderemos todo lo que Él está haciendo, pero podemos recordar quién es Él y lo que ya ha hecho.


Finalmente, el ángel les manda: “E id pronto, y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos”. La noticia era demasiado grande para guardarla. ¡Jesús estaba vivo! Y aquellas mujeres salieron corriendo a compartirla.


El versículo 8 describe su reacción con unas palabras preciosas: “con temor y gran gozo”. ¿Cómo podían sentir temor y gozo al mismo tiempo? Porque estaban contemplando algo mucho más grande que ellas mismas. No era un temor que las paralizaba, sino el asombro reverente de estar ante una obra extraordinaria de Dios. Y ese asombro estaba acompañado de un gozo inmenso: ¡su Señor había resucitado!


Nosotros también necesitamos ese temor reverente ante la grandeza de Dios y ese gran gozo al recordar lo que Él ha hecho. Cuando contemplamos Su poder, Su fidelidad y la victoria de Cristo sobre la muerte, nuestro corazón tiene razones para alegrarse. Y ese gozo debe impulsarnos a compartir las buenas nuevas con otros. No tema. Venga y contemple lo que Dios ha hecho. Luego, vaya y cuéntelo. ¡Cristo ha resucitado! Esa es nuestra esperanza, nuestro gozo y el mensaje que el mundo necesita escuchar.


Leer: Mateo 27-28, Proverbios 11 y Salmos 40-42

Pregunta: Según Mateo 27:3-10, ¿cuánto recibió Judas por entregar a Jesús, y cuánto equivaldría aproximadamente esa cantidad en el dinero de hoy?