Contemplando con Pastor Adam Fridenstine

“Mas yo en tu misericordia he confiado;

Mi corazón se alegrará en tu salvación.

Cantaré a Jehová,

Porque me ha hecho bien".

Salmo 13:5-6


Muchas personas conocen a Adam Fridenstine como su pastor: un siervo fiel, un líder constante y un hombre profundamente comprometido con la obra de Dios. Sin embargo, al mirar su vida con atención, descubrimos que su historia no se trata principalmente de logros personales, sino de contemplar la mano de Dios guiando, formando y sosteniendo cada etapa del camino.


Adam Fridenstine nació el 30 de mayo de 1986 en el estado de West Virginia. Creció en una finca familiar en Ohio junto a sus padres, hermanos y familiares cercanos. Desde temprana edad aprendió el valor del trabajo, del servicio y de la responsabilidad. Ese entorno sencillo fue una escuela práctica donde Dios comenzó a formar su carácter. Al contemplar esos primeros años, es evidente que Dios ya estaba obrando silenciosamente, preparando a un joven para algo que aún no podía imaginar.


Durante su juventud, Adam enfrentó desafíos importantes, incluyendo complicaciones de salud que afectaron su capacidad para comunicarse con fluidez en su propio idioma. Lejos de rendirse, perseveró con esfuerzo y disciplina. Este tiempo difícil se convirtió en un taller espiritual donde Dios fortaleció su fe, su paciencia y su dependencia total del Señor. Contemplar a Dios en medio de la dificultad nos recuerda que Él no desperdicia ninguna prueba; cada una tiene un propósito eterno.


A los 16 años, Adam rindió su vida al Señor con un llamado claro al ministerio misionero, especialmente con un amor por las personas de habla hispana. No conocía los detalles, ni los lugares, ni siquiera países como El Salvador, pero sí conocía al Dios que llama y guía. Su respuesta fue simple y profunda: obediencia total. Contemplar este momento nos enseña que seguir a Dios no requiere tener todo claro, sino confiar plenamente en Aquel que sí lo ve todo.


Más adelante, Dios lo guió a estudiar en West Coast Baptist College. Ese tiempo estuvo marcado por pruebas intensas, luchas personales y momentos de profunda dependencia del Señor. Sin embargo, al mirar atrás, Adam puede testificar que Dios fue fiel en cada área: proveyó para sus estudios, cuidó su salud, le dio mentores espirituales y amistades que lo animaron a perseverar. En ese mismo proceso, Dios también le regaló a Esther, quien se convertiría en su esposa y compañera inseparable en el ministerio.


Ya en el campo ministerial, Dios continuó mostrando Su dirección clara al traer a Adam y Esther a El Salvador. Como iglesia, podemos contemplar la fidelidad de Dios al darnos pastores con un amor genuino por las almas, una carga profunda por la iglesia y un deseo constante de glorificar a Dios por encima de todo. Su ministerio no se basa en habilidades humanas, sino en una vida rendida al Señor y sensible a Su voluntad.


Hoy, al contemplar la vida de Adam y Esther Fridenstine, somos recordados de una verdad esencial: Dios sigue siendo Dios, sigue obrando, sigue guiando y sigue cumpliendo Sus propósitos. Esta biografía no nos llama a exaltar a personas, sino a levantar nuestros ojos y contemplar al Dios que transforma vidas cuando alguien decide obedecerle sin reservas.


Que esta historia nos motive a hacer lo mismo: contemplar a Dios en cada etapa de nuestra vida, confiar en Su dirección y rendirnos plenamente a Su voluntad, sabiendo que Él siempre es fiel.


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Leer: Génesis 30-31; Salmos 12-13; Proverbios 10

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