Él sí cumple

“Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; quédate conmigo”.

Génesis 29:19


En algún momento de la vida, todos hemos conocido el trabajo arduo acompañado de grandes expectativas. Jacob llega a la casa de Labán huyendo, cansado y con un futuro incierto, pero allí encuentra algo que llena su corazón de esperanza: Raquel. Su amor por ella es tan grande que acepta trabajar siete años para poder casarse con ella. La propuesta de Labán parece justa, razonable y hasta generosa. Sus palabras inspiran confianza: “quédate conmigo”. Sin embargo, el tiempo revelaría que detrás de esa aparente justicia había engaño.


Jacob trabaja fielmente, y la Escritura nos dice que aquellos siete años le parecieron como pocos días por el amor que tenía a Raquel. Vemos en él un corazón dispuesto al sacrificio, a la espera y a la fidelidad, aun cuando las condiciones no eran fáciles. Jacob no negocia, no se queja ni busca atajos. Simplemente confía y persevera.


Pero llega el día esperado y, en lugar de Raquel, Jacob recibe a Lea. El engaño de Labán rompe sus expectativas y expone una dura realidad: las promesas humanas pueden fallar. Aun así, Dios no estaba ausente. Aunque Labán actuó con injusticia, el plan de Dios seguía avanzando. De Lea y de Raquel vendrían las tribus de Israel; incluso a través del dolor y la decepción, Dios estaba construyendo algo mucho más grande de lo que Jacob podía ver en ese momento.


Muchas veces, durante la espera, nuestras expectativas fallan. Aquello que anhelábamos o las promesas humanas en las que confiamos pueden romperse, y el desánimo entra en el corazón. Incluso podemos comenzar a dudar si realmente estamos en la voluntad de Dios.


De Jacob aprendemos que la espera no es pérdida de tiempo cuando caminamos con Dios. A veces confiamos en palabras que parecen seguras y, cuando se rompen, el corazón se siente traicionado. Sin embargo, Dios usa esos momentos para formar nuestro carácter, enseñarnos a depender más de Él que de las personas y recordarnos que Su fidelidad no cambia.


También aprendemos que Dios ve el esfuerzo silencioso. Jacob trabajó fielmente aun cuando fue tratado injustamente, y Dios no lo ignoró. La bendición no llegó de la manera ni en el tiempo que Jacob esperaba, pero sí llegó conforme al propósito perfecto de Dios.


No se inquiete si ha sido defraudado o siente que lo han sido. No se turbe ni se vuelva inquieto si la respuesta de Dios ha sido diferente a lo que usted pidió. Permanezca quieto aun cuando Su voluntad parezca confusa. Dios sigue estando en control. Él sí cumple y siempre tiene un plan mayor.


Hoy, este pasaje nos invita a examinarnos: ¿en quién estamos poniendo nuestra confianza? ¿Estamos dispuestos a seguir siendo fieles cuando otros no lo son con nosotros? Dios nos llama a perseverar, a caminar con integridad y a descansar en la certeza de que Él cumple Sus promesas, incluso cuando las circunstancias parecen contradecirlas.


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Leer: Génesis 27–29, Salmos 11; Proverbios 9

¿Qué le pasó a Jacob mientras dormía?