Cuando Dios abre espacio
“Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque Yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham Mi siervo. Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo”.
Génesis 26:24-25
Isaac estaba enfrentando una realidad difícil: hambre en la tierra, conflictos con otras personas y decisiones que ponían a prueba su fe. Sin embargo, este capítulo nos muestra que, aun en medio de la escasez y la oposición, Dios permanece fiel a Sus promesas y guía a Sus hijos paso a paso.
Isaac experimenta una hambruna similar a la que su padre Abraham vivió años atrás. Humanamente, la solución lógica parecía ser ir a Egipto para buscar provisión y quedarse allí. Pero Dios le habló con claridad y le pidió que permaneciera donde estaba. Esta obediencia no fue sencilla, pero fue clave. Isaac decidió confiar en la Palabra del Señor por encima de su propia lógica. Aquí aprendemos que la verdadera bendición comienza cuando creemos y obedecemos, incluso cuando no entendemos completamente el camino ni los espacios que Dios abre para nosotros.
En ese mismo lugar de dificultad, Dios bendice a Isaac de manera extraordinaria. La Escritura nos dice que sembró y cosechó al ciento por uno. Esto nos recuerda que nuestra provisión no depende de las circunstancias externas, sino del favor y la fidelidad de Dios. Aun en tiempos de crisis, Él sigue siendo nuestro Sustentador.
Sin embargo, la bendición no elimina los conflictos. La prosperidad de Isaac despierta la envidia de los filisteos, quienes tapan los pozos que su padre había cavado. En lugar de pelear o defenderse con violencia, Isaac escoge apartarse. Una y otra vez cede terreno hasta que finalmente encuentra un lugar donde no hay contienda. Allí declara con fe: “Ahora Jehová nos ha prosperado”. Esta actitud nos enseña que no todo vale la pena pelearlo y que muchas veces Dios nos llama a confiar en que Él abrirá el espacio correcto en Su tiempo. No debemos aferrarnos ni luchar por nuestro “espacio” en el ministerio o en la vida; Dios tiene lo que es nuestro, y en Su momento lo dará a conocer.
Cuando Dios vuelve a hablarle, le recuerda una verdad fundamental: “No temas, porque Yo estoy contigo”. Esa promesa es el centro de todo el capítulo. Más allá de la tierra, los pozos o la prosperidad, la presencia de Dios es lo que da seguridad, paz y propósito. Isaac responde edificando un altar e invocando el nombre del Señor, mostrando que su mayor prioridad no era el éxito, sino la comunión con Dios.
Nuestras vidas también deben convertirse en un testimonio visible del favor divino. Cuando usted camina en obediencia y dependencia de Dios, Él mismo se encarga de vindicarle y de usar su vida para glorificar Su nombre. Dios es quien abre el espacio para Sus hijos.
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Leer: Génesis 25–26, Salmos 10; Proverbios 8
¿Por qué Dios cuidó tan bien de Isaac después de que Abraham murió?
