Marcado por el encuentro
“Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”.
Génesis 32:30
Antes de reencontrarse con Esaú, Jacob se detiene. No fue un descanso casual ni una pausa estratégica; fue una cita necesaria con Dios. La Escritura nos dice que Jacob se quedó solo, y en esa soledad comenzó una lucha que cambiaría su vida para siempre.
Al contemplar este pasaje, entendemos que Jacob no solo estaba por enfrentar a su hermano; estaba por enfrentarse a Dios… y a sí mismo. Aquella noche, Jacob luchó con un Varón. El texto bíblico nos lleva a contemplar un misterio santo: ¿era un ángel, un mensajero divino, o el mismo Dios manifestándose? Jacob lo comprendería después, cuando diría: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”.
Esta lucha no fue principalmente física. Fue una lucha del alma. Jacob había pasado su vida confiando en su astucia, en su fuerza, en su capacidad para salir adelante. Pero ahora, antes de volver a ver a Esaú, Dios necesitaba tiempo con Jacob. Y Jacob necesitaba tiempo con Dios. No para huir, sino para rendir.
En esa noche, ambos “luchan”, pero en realidad Dios estaba trabajando en lo más profundo del corazón de Jacob. No era una pelea para destruirlo, sino para quebrarlo. Jacob pelea por bendición; Dios pelea por su entrega. Y cuando Dios toca el muslo de Jacob, la lucha cambia. Jacob ya no puede apoyarse en su propia fuerza. Solo puede aferrarse.
Ahí nace una de las frases más poderosas de la Escritura: “No te dejaré, si no me bendices”.
Contemplar este momento nos recuerda que la verdadera bendición no siempre llega cuando somos fuertes, sino cuando somos honestamente dependientes. Jacob recibe un nuevo nombre, una nueva identidad, y también una marca. Cojea. Esa cojera no fue castigo; fue memoria.
Jacob llamó aquel lugar Peniel (o Penuel), que significa “rostro de Dios”. Fue el lugar donde vio a Dios, donde fue tocado por Él, y donde nunca volvió a ser el mismo. Cuando Dios te toca, deja marca. Hay recuerdos del forcejeo, de la lucha, del momento en que dejaste de resistir y comenzaste a confiar.
Jacob sale de Peniel cojeando, pero más fuerte que nunca espiritualmente. Marcado, sí. Transformado, también. Hoy, este pasaje nos invita a contemplar nuestras propias noches de lucha. Antes de enfrentar decisiones, conflictos o reconciliaciones, Dios muchas veces nos lleva a estar a solas con Él. Allí, en silencio, Él obra, confronta, corrige y bendice. Y cuando salimos de ese encuentro, no siempre salimos ilesos… pero siempre salimos distintos.
Porque nadie ve a Dios cara a cara y sigue caminando igual.
Video de hoy: https://youtu.be/uzHAUm92Ofg
Leer: Génesis 32-24; Salmos 14-15; Proverbios 11
¿Qué regalo Jacob insistió en que Esaú aceptara como señal de reconciliación?
