El peligro del resentimiento sin freno
“Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador; venid, pues, ahora, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna fiera le devoró; y veremos qué serán de sus sueños”.
Génesis 37:19-20
Estas palabras de los hermanos de José revelan un corazón lleno de resentimiento que ha escalado hasta lo inimaginable. Lo que comenzó como envidia por los sueños de José y el favoritismo de su padre se acumuló durante años, hasta manifestarse en un complot para asesinar a su propio hermano. Aunque finalmente lo vendieron como esclavo, el simple hecho de planear su muerte nos muestra cómo el pecado no controlado puede llevar a extremos que jamás pensamos posibles.
La Escritura enseña con claridad sobre la progresión del pecado. En Santiago 1:14-15, se nos explica: “sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.
El resentimiento, si no se detiene, actúa como una semilla que germina en silencio. En el caso de los hermanos de José, no surgió de la nada; fue alimentado por comparaciones, celos y rencores no resueltos. Años de acumulación llevaron a un momento de explosión, donde la fraternidad se convirtió en traición. ¿Cuántas veces ha visto usted en su propia vida cómo un agravio aparentemente pequeño, ignorado, crece hasta dominar pensamientos y acciones? Dios nos advierte de esta realidad porque Él desea que vivamos en libertad, no encadenados por emociones destructivas.
Vivir en pureza delante de Dios es esencial para evitar esta progresión. En Salmos 51:10, David ora: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”.
Esto implica un examen diario de nuestro interior, confesando resentimientos delante de Él y permitiendo que Su Espíritu Santo nos limpie. Cuando usted decide perdonar y soltar la amargura, rompe la cadena del pecado antes de que avance a consecuencias mayores. José, a pesar de la traición sufrida, mantuvo su integridad, y Dios lo exaltó. Esto nos recuerda que la pureza no es debilidad, sino el camino a la victoria que Dios concede.
Examine su corazón hoy. ¿Hay resentimientos acumulados que, si no se tratan, podrían llevarlo a acciones impensables? Entréguelos a Dios y decida vivir en pureza, permitiendo que Él transforme su vida desde lo más profundo.
Video de hoy: https://youtu.be/_dDFWK3xFYs
Leer: Génesis 35-37; Salmo 16; Proverbios 12
¿Quién fue la persona que comenzó los edomitas, y cuántas veces está mencionado eso en la lectura de hoy?
