Contemplando con Carlos Navarrete

“Reconócelo en todos tus caminos,

y Él enderezará tus veredas.”

Proverbios 3:6


Carlos Navarrete nació en El Salvador, y desde temprana edad Dios comenzó a obrar en su corazón. Aun siendo niño, recibió a Cristo como su Salvador personal, iniciando así una relación que marcaría el rumbo de toda su vida. A los ocho años, junto con su familia, emigró a los Estados Unidos, sin imaginar que ese traslado sería parte del plan soberano de Dios para formarlo, guiarlo y usarlo para Su gloria.


Fue en California donde Dios lo condujo a la Iglesia Bautista de Lancaster, un lugar que se convertiría en un taller espiritual donde el Señor moldearía su carácter, su fe y su llamado. Como muchos jóvenes, Carlos tenía sueños y metas bien definidas. Le apasionaba el fútbol y tuvo oportunidades reales de jugar en buenos equipos. Además, anhelaba estudiar para convertirse en doctor, un deseo noble y digno. Sin embargo, mientras contemplaba su futuro, Dios comenzó a mostrarle algo mayor: no solo lo que podía llegar a ser, sino a Quién debía servir.


En ese proceso de contemplar la voluntad de Dios, Carlos entendió una verdad fundamental que marcaría su vida: cuando Dios ocupa el trono del corazón, Sus planes siempre son mejores. Así, Dios lo dirigió a West Coast Baptist College, donde no solo se preparó académicamente, sino espiritualmente. Allí aprendió a rendir sus sueños personales para abrazar el llamado de Dios al ministerio. En ese mismo lugar, el Señor trajo a su vida a la hermana Jenny, quien sería su esposa y compañera fiel en el servicio al Señor.


Juntos se graduaron y comenzaron un camino de fe que los llevaría a servir por décadas en el ministerio hispano de la Iglesia Bautista de Lancaster. Como pastor, esposo y padre, Carlos Navarrete aprendió a contemplar diariamente la fidelidad de Dios. Junto a su esposa y sus hijos —Isabel, Micah, Samuel, Faith y Luke—, pudieron ver vidas transformadas, familias restauradas, obreros entrenados y misioneros enviados. Cada fruto visible fue el resultado de una vida que decidió mantener a Dios en el centro y en el trono.


Quizá Carlos Navarrete no llegó a ser doctor ni una figura destacada en el deporte, pero hizo algo infinitamente mejor: rindió su vida completamente a Dios. Y esa entrega ha tenido impacto eterno. Servir al Señor no siempre implica reconocimiento humano, pero siempre produce gloria para Dios.


A finales de 2017, Dios volvió a llamar a la familia Navarrete a dar un paso de fe. Dejaron Lancaster, el lugar donde habían invertido gran parte de su vida, para seguir la dirección de Dios hacia algo nuevo y desconocido. Fue un tiempo de transición marcado por la oración, la espera y la contemplación de la voluntad divina. Dios usó ese proceso para fortalecer su fe y recordarles que Él sigue reinando, incluso en los cambios difíciles.


Hoy, Dios los está usando de manera poderosa en el Templo Bautista de Rhode Island, donde continúan sembrando la Palabra, formando discípulos y viendo vidas transformadas para la gloria de Dios. Su historia nos recuerda que no hay vida más plena que aquella que se vive contemplando a Dios, confiando en Su soberanía y obedeciendo Su llamado.


Al comenzar este nuevo año, contemplar la vida de Carlos Navarrete nos desafía a una pregunta esencial: ¿quién ocupa el trono de nuestra vida? Que, como él, decidamos rendirlo todo y vivir para la gloria de Aquel que es digno de toda fidelidad.


Video de hoy: https://youtu.be/J84uGcKU9Vo


Leer: Génesis 8-11; Salmo 5; Proverbios 3

Según Génesis 8–11, mencione tres eventos importantes que ocurrieron después del diluvio y explique brevemente qué revelan acerca de Dios o del corazón humano.