Sabios de corazón

“Y hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón…”

— Éxodo 28:3


Cuando Dios ordenó la confección de las vestiduras del sumo sacerdote, no pidió cualquier persona para hacerlas. Él pidió “sabios de corazón”, hombres que Él mismo había llenado de espíritu de sabiduría. Esto nos enseña que, para Dios, el trabajo que se hace para Su servicio no es solo manual—es profundamente espiritual.


Las vestiduras de Aarón no eran ropa común. Representaban la santidad de Dios y la responsabilidad del sacerdote de ministrar en Su presencia. Por eso, quienes las confeccionaban debían ser personas sensibles a Dios, capaces de seguir instrucciones precisas, y conscientes de que su trabajo reflejaría algo santo. Un error no era simplemente un fallo técnico; distorsionaba el mensaje que Dios estaba comunicando.


Aquí vemos un principio importante: Dios se interesa tanto en el proceso como en el resultado. No bastaba con terminar la tarea; había que hacerlo conforme a Su voluntad y con un corazón correcto.


Este mismo principio sigue siendo válido hoy. Tal vez no estamos cosiendo vestiduras sacerdotales, pero cada vez que servimos al Señor, representamos algo de Él. Cuando un maestro enseña a niños, está reflejando el carácter de Dios. Cuando alguien pinta una pared en la iglesia, no solo está aplicando pintura—está preparando un espacio dedicado a Dios. Cuando se decora para un evento, se está creando un ambiente que debe apuntar a Su gloria. Cuando un ujier recibe a las personas en la puerta, está dando la primera impresión del corazón de Dios.


Por eso, el servicio cristiano nunca es “solo” algo pequeño. Dios sigue buscando siervos que sean llenos del Espíritu, no solo capaces; obedientes a Sus instrucciones, no improvisados; y conscientes de que reflejan Su santidad, aun en tareas que parecen simples. Servir sin atención, sin reverencia o sin preparación puede comunicar un mensaje equivocado acerca de quién es Dios.


Esto no significa perfección, sino intencionalidad. Significa hacer lo que Dios nos ha confiado con excelencia, humildad y dependencia del Espíritu Santo.


La pregunta no es si nuestro servicio es visible, sino si es fiel. No es si otros lo notan, sino si honra a Dios. Que todo lo que hagamos para el Señor—grande o pequeño—sea hecho con un corazón lleno del Espíritu, obediente a Su palabra, y consciente de que servimos delante de un Dios santo.


Leer: Éxodo 28-29; Salmo 34; Proverbios 27

Investigar una de las doce piedras preciosas mencionadas…su valor, color, significado, etc.