Contemplar las misiones
“En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores”.
Salmos 31:15
La historia de la familia Navarrete es un recordatorio vivo de que Dios obra con propósito en cada etapa de la vida y en cada lugar donde Su pueblo decide obedecerle. Nada ocurre por casualidad cuando el Señor está formando a Sus siervos para Su obra.
El hermano Daniel Navarrete llegó a la Iglesia Bautista de Hermosillo cuando tenía 20 años. Fue salvo bajo el ministerio del Pastor Luis Montaño, uno de nuestros misioneros. En ese tiempo, Daniel tenía creencias muy diferentes acerca de la salvación, pero el Espíritu Santo comenzó a obrar en su corazón con convicción clara y profunda. Dios le mostró su necesidad de un Salvador y, con humildad, respondió al llamado del evangelio.
Después de su conversión, Daniel empezó a crecer en el Señor por medio de la Palabra, la iglesia local y el discipulado. Aproximadamente un año después, Dios puso en su corazón un llamado mayor: servirle a tiempo completo. No fue una decisión ligera, sino el resultado de oración, rendición y una comprensión creciente de que su vida ya no le pertenecía a sí mismo, sino al Señor que lo había rescatado.
Por otro lado, la hermana Maurilia fue salva a la edad de 14 años. Desde su juventud, entregó su vida al Señor con el deseo de servirle fielmente. Sin conocerse aún profundamente, tanto Daniel como Maurilia estaban rindiendo sus vidas al mismo llamado: vivir para la gloria de Dios. Años después, el Señor unió sus caminos. Tuvieron un noviazgo piadoso, fundado en principios bíblicos, y posteriormente se casaron, formando un hogar con Cristo como fundamento.
Dios los bendijo con tres hijos, Daniel, Joel y Abigail, quienes están crecido viendo el ejemplo de fe y entrega de sus padres. Desde pequeños, están participado junto a ellos en levantar fondos y en prepararse para el campo misionero, aprendiendo que servir a Dios es un privilegio y una responsabilidad.
Los Navarrete han sido llamados por Dios para ser misioneros en San Luis Río Colorado, Sonora, México. Van con corazones dispuestos, con fe firme y con la certeza de que el mismo Dios que los llamó es el que los sostendrá. Él ha sido fiel hasta ahora, ha provisto cada necesidad, y seguramente lo seguirá haciendo conforme a Su perfecta voluntad. Una iglesia fuerte está siendo construida y vidas cambiadas.
Es profundamente significativo observar cómo Dios trabaja en muchas vidas al mismo tiempo. Mientras en Cojutepeque, El Salvador, algunos creyentes han estado orando y dando a misiones desde el año 2011, apoyando específicamente al Pastor Montaño, Dios estaba obrando simultáneamente en los corazones en Hermosillo y en Cojute. Así, lo que comenzó como obediencia silenciosa en oración y ofrenda, hoy produce fruto visible en una familia enviada al campo misionero.
La familia Navarrete es fruto de esas oraciones y de ese dar fiel. Son los primeros misioneros que salen de su iglesia local, y tenemos la confianza de que Dios los está usando y los seguirá usando en gran manera para Su gloria.
Nunca se canse de orar ni de dar a misiones. Dios bendice la fidelidad del que ora y del que da, y también lo cuenta como fruto a su cuenta. Le animo a comprometerse a orar cada día por misioneros alrededor del mundo y a mantener un corazón sensible a la voz de Dios y a Su obra.
Las misiones son el corazón de Dios. Son Su mandato y son un instrumento poderoso para transformar vidas. Y la historia de los Navarrete es una prueba viva de que cuando alguien pone su tiempo en las manos del Señor, Él lo usa para bendición eterna.
Hoy, le invitamos a contemplar su parte en las misiones: ¿Ora usted fielmente por los misioneros? ¿Da con un corazón dispuesto? ¿Está atento a lo que Dios quiere hacer a través de su obediencia? Al contemplar la obra de Dios en otros, también podemos ver con claridad lo que Él desea hacer por medio de nosotros.
Leer: Éxodo 19-21; Salmo 31; Proverbios 24
¿Qué dice que sucederá con todos los que toman el nombre de Dios en vano según nuestra lectura de hoy?
