Contemplad a Dios en cada etapa

“Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación”.


Un Jacob envejecido, cansado por los años y las pruebas, enfrentando una de las decisiones más grandes de su vida: dejar la tierra conocida y descender a Egipto. Humanamente, este paso parecía contradictorio. ¿Cómo abandonar el lugar que Dios había prometido a su descendencia? ¿Cómo confiar en que Egipto, una tierra extraña, formaba parte del plan divino?


Antes de continuar su camino, Jacob se detiene en Beerseba para ofrecer sacrificios. Este detalle es profundo: no se mueve sin antes buscar a Dios. Y allí, en medio de su temor, Dios le habla con ternura: “No temas descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver” (Gn. 46:3–4).


La voluntad de Dios no siempre nos mantiene en lugares cómodos ni previsibles. A veces implica movimiento, despedidas y comenzar de nuevo. Pero nunca nos envía solos. La promesa no es solo un destino; es una presencia: “Yo descenderé contigo”. La seguridad de Jacob no estaba en la tierra, sino en el Dios que caminaba con él.


Cuando finalmente llega a Egipto y se reencuentra con José, vemos el cumplimiento de años de dolor transformados en redención. Lo que comenzó con traición ahora termina en abrazo. La voluntad de Dios había estado obrando incluso en los capítulos más oscuros de su historia.


En Génesis 47, Jacob se presenta ante Faraón. No llega como un rey, sino como un peregrino. Sus palabras revelan un corazón humilde: “Pocos y malos han sido los días de los años de mi vida” (47:9). Jacob no idealiza su pasado. Reconoce las dificultades, pero también ha aprendido que, aun en medio de ellas, Dios ha sido fiel. Y desde esa humildad, bendice a Faraón. El anciano extranjero se convierte en portador de bendición. Así actúa la voluntad de Dios: no solo nos guía, sino que nos convierte en instrumentos de gracia dondequiera que estemos.


Jacob aprende que la voluntad de Dios no siempre significa permanecer donde pensamos que “deberíamos” estar. A veces implica bajar a Egipto. Pero aun allí, Dios cumple Sus promesas. En Gosén, la familia es establecida, cuidada y multiplicada. Lo que parecía una amenaza se convierte en un lugar de provisión.


Tal vez hoy se encuentra ante una transición: un cambio que no esperaba, un camino que no eligió. Como Jacob, puedes sentir temor de “descender” a un lugar desconocido. Pero estos capítulos nos recuerdan que la voluntad de Dios no es un mapa sin compañía. Es un camino recorrido con Su presencia. Debe contemplar a Dios hoy en la etapa que se encuentra.


Leer: Génesis 46-47; Salmos 10-11; Proverbios 16

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