Más que palabras

”Tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”.

— Éxodo 24:7


En Éxodo 22 y al inicio del capítulo 23, Dios entrega a Su pueblo una serie de principios muy prácticos para la vida diaria. No se trata solo de leyes religiosas, sino de instrucciones que tocan la justicia, la honestidad, el cuidado del prójimo y la compasión hacia el vulnerable. Dios estaba formando un pueblo diferente, apartado, que reflejara Su carácter en la manera de vivir.


Estas normas no eran una carga, sino una guía para protegerlos y enseñarles cómo vivir bien delante de Dios y delante de los hombres. Desde el principio, el Señor dejó claro que Su pueblo debía verse distinto, no solo por lo que decía creer, sino por cómo trataba a los demás.


A partir de Éxodo 23:20, Dios presenta una promesa maravillosa. Él les dice que irá delante de ellos, que enviará Su ángel, que abrirá el camino, que traerá victoria, provisión y bendición. En pocas palabras, Dios ofrece un trato claro: obediencia trae Su presencia, Su ayuda y Su favor. No porque Él sea caprichoso, sino porque caminar bajo Su dirección siempre conduce a vida.


Luego, en Éxodo 24, el pueblo escucha nuevamente todas las palabras del Señor. Y entonces hacen una declaración poderosa: “Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”.


Era una promesa sincera. No hay razón para pensar que estaban siendo falsos en ese momento. Sin embargo, sabemos lo que ocurre después. Muy pronto, cuando la obediencia exige paciencia, confianza y negarse a la carne, el pueblo falla. Sus palabras fueron firmes, pero su corazón aún no estaba completamente rendido.


Y aquí es donde este pasaje nos confronta hoy.


¿Cuántas veces nosotros también decimos que obedeceremos a Dios? Cantamos, oramos, asentimos con la cabeza cuando leemos Su Palabra. Pero cuando llega el momento de obedecer—cuando cuesta, cuando va en contra de nuestros deseos, cuando requiere fe—hacemos lo que nuestra carne quiere hacer.


Dios no está buscando promesas bonitas. Él busca corazones dispuestos. La obediencia no es perfección, pero sí es decisión. Es elegir a Dios una y otra vez, incluso cuando es difícil.


Hoy, hagamos de Éxodo 24:7 algo más que una frase conocida. Hagámosla verdad en nuestra vida diaria. Que no solo digamos “obedeceremos”, sino que vivamos de tal manera que nuestras acciones confirmen nuestras palabras.


Leer: Éxodo 22-24; Salmo 32; Proverbios 25

Menciona dos cosas específicas que Dios promete hacer si el pueblo obedece Su voz.