Indefectiblemente: dar lo primero con fidelidad

“Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rendiere tu campo cada año. Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que Él escogiere para poner allí Su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días”.

Deuteronomio 14:22-23


La palabra “indefectiblemente”, con la que inicia este mandato divino, no es casual; resuena con autoridad absoluta y enfatiza una obligación continua, sin excepciones ni pausas. Significa “sin fallar”, “de manera inquebrantable” o “invariablemente”. Dios no deja lugar a dudas ni a interpretaciones flexibles. Exige que usted aparte el primer diez por ciento de todo lo que produce su trabajo —el grano, el vino, el aceite, las primicias de sus bienes— y lo lleve al lugar donde Él ha puesto Su nombre. Este acto no es un cumplimiento religioso opcional; es la vía ordenada por Dios para que usted aprenda a temerlo con reverencia todos los días de su vida.


Al dar lo primero de manera indefectible, usted declara ante el Señor y ante sí mismo que Él es el verdadero Dueño de toda provisión. No confía en su propia habilidad para hacer rendir lo poco que tiene, sino en la fidelidad soberana de quien provee. Este principio no busca empobrecerlo, sino liberarlo. Al soltar ese diezmo con obediencia inmediata, usted cultiva una dependencia profunda en Dios y un temor santo que lo transforma interiormente.


La fidelidad en el diezmo abre sus ojos para conocer más profundamente al Señor. Al practicar este acto constante, usted experimenta Su provisión de formas que la preocupación humana no puede prever. Ha sido dicho con verdad, respaldado por testimonios reales de creyentes a lo largo de generaciones: “Un diezmista fiel nunca ha muerto de hambre”. Piense en R. G. LeTourneau, el ingeniero e inventor estadounidense del siglo XX, quien no solo diezmó, sino que llegó a entregar hasta el noventa por ciento de sus ingresos a la obra de Dios. En medio de crisis económicas y desafíos personales, su negocio creció y nunca le faltó lo esencial; Dios multiplicó lo que él soltaba con fe.


Hoy, cuando las cuentas parecen no cuadrar, el temor al futuro aprieta el pecho y la tentación de retener surge con fuerza, recuerde: la ansiedad no añade un solo día a su vida ni resuelve el problema. En cambio, al apartar “indefectiblemente” ese primer diezmo, usted invita a Dios a tomar el control de los detalles. Observe cómo Su mano proveedora actúa: a veces con un ingreso inesperado, otras con sabiduría para administrar mejor, o simplemente con una paz sobrenatural que guarda su corazón en medio de la escasez. Confíe en Él en toda circunstancia; Su sistema nunca falla.


Querido hermano, no tema dar lo primero. Ese acto de obediencia no lo deja vacío; lo llena de la presencia y la certeza de un Dios fiel. Sea constante en esta práctica, aprenda a temerlo más profundamente y contemple cómo Él nunca defrauda a quien confía en Su Palabra.


Video de hoy: https://youtu.be/Ef9BljAepCs


Leer: Deuteronomio 14-16; Salmos 82-83; Proverbios 4

¿Que fue las circunstancias en que algunos estaban dando un “piercing” en la oreja contra la puerta?