Huyendo de la presencia de Dios

“Entonces le dijeron ellos: Decláranos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres? Y él les respondió: Soy hebreo, y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra. Y aquellos hombres temieron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado”.

Jonás 1:8-10


Jonás había recibido una instrucción clara de parte de Dios, pero decidió huir. Quizá pensó que podía alejarse de Nínive y continuar con su vida, pero su desobediencia no quedó solamente entre él y Dios. Mientras Jonás huía de la voluntad de Dios, una tormenta alcanzó el barco en el que viajaba y puso en peligro la vida de hombres que ni siquiera habían participado en su decisión.


Esto nos enseña una verdad seria: nuestro pecado nunca es tan privado como pensamos. Podemos intentar esconderlo, justificarlo o actuar como si nada estuviera ocurriendo, pero tarde o temprano puede comenzar a producir consecuencias que alcanzan a otras personas. Lo interesante es que fueron los mismos marineros quienes terminaron preguntándole a Jonás: “¿Por qué has hecho esto?” La tormenta había hecho evidente aquello que Jonás estaba tratando de ocultar.


Jonás sabía quién era Dios. Incluso pudo decir: “Temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra”. Su problema no era que desconociera a Dios; su problema era que estaba viviendo en desobediencia a lo que Dios le había pedido. Esto también debe hacernos reflexionar. Podemos conocer la Palabra, hablar de Dios, enseñar acerca de Él y aun así permitir que exista en nuestro corazón algo que sabemos que debemos entregar. El conocimiento de Dios no reemplaza la obediencia a Dios.


Cuando nuestro pecado comienza a afectar a otros, no debemos preguntarnos solamente: “¿Cómo puedo evitar que descubran lo que hice?”, sino: “¿Qué debo hacer delante de Dios para corregir aquello que está causando daño?”Jonás tuvo que reconocer la verdad. No podía seguir huyendo. La tormenta había expuesto lo que estaba ocurriendo en su corazón.


Proverbios 28:13 nos recuerda: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”. Ocultar el pecado no lo hace desaparecer. Dios ya conoce aquello que nosotros intentamos esconder, y cuando Él nos confronta, no debemos verlo solamente como condenación, sino como una oportunidad para volver a Él.


La historia de Jonás también nos muestra que Dios puede restaurar a una persona después de su desobediencia. Jonás no terminó en el barco. Dios trató con él, lo llevó al arrepentimiento y volvió a darle una misión.


Quizá hoy exista alguna área de nuestra vida que hemos intentado mantener escondida. Tal vez nadie la conoce, pero sus efectos ya están alcanzando a quienes nos rodean. No esperemos a que la tormenta sea más grande para reconocerlo.Si Dios está mostrando algo en nuestro corazón, la respuesta no debe ser seguir huyendo, sino volvernos hacia Él, confesar nuestro pecado y apartarnos de aquello que no le agrada.


Video de hoy: https://youtu.be/qObx917HNq8


Leer: Abdías, Jonás, Proverbios 24 y escribir Salmos 119:137-140

¿Cómo reaccionó el rey de Nínive al escuchar que los hombres de Nínive se arrepintieron y creyeron a Dios?